Son uno de los principales motores de la economía valenciana y también un escaparate que influye en que los turistas viajen o se decidan por otras latitudes, pero no puede decirse que las playas sean tratadas con el celo que merecen por parte de los ayuntamientos y otras administraciones competentes.
Los municipios costeros valencianos dedican una media del 1,5% de su presupuesto al cuidado de sus fachadas litorales, aunque hay excepciones. Benidorm, la corporación que parece tomarse las playas más en serio, pone cada año un 4% de sus fondos en la arena y el agua, y Gandia y Oliva rondan el 2%. En el otro lado de la balanza figura Valencia, que destina el 0,4% de su presupuesto a sus 20 kilómetros de playas, a menudo más protagonistas por sus batallas de chiringuitos y multas que por sus servicios.
El turismo nacional e internacional busca en la Comunitat Valenciana servicios, descanso, arte, comercio, deporte, espectáculo... y playas soleadas. Las nuevas apuestas para captar visitantes con los campos de golf, los congresos, los cruceros y otras ofertas no deben menoscabar la importancia de las playas, en torno a las que trabajan decenas de miles de personas y alrededor de las que se mueve buena parte de la economía valenciana. Y los ayuntamientos han de ser los primeros garantes de su limpieza, su accesibilidad, sus servicios al bañista, su seguridad... Aunque no son los únicos. La presencia de maquinaria pesada de Costas en plena temporada de verano interviniendo en la arena es una imagen que no debe producirse, y se da con demasiada frecuencia. Gobierno, Generalitat y ayuntamientos deberían colaborar más y tratar de que la gallina de los huevos de oro que son las playas no se asfixie por falta de atención.