Caso de llegarse a la convocatoria de primarias, los militantes del PSPV tendrán que elegir, al menos «a priori», entre dos alternativas ante las que no me gustaría encontrarme a mí si estuviese en su lugar. Por un lado, un secretario general, Jorge Alarte, que ha conseguido devolver cierta tranquilidad al partido, aunque corre el riesgo de terminar por ser la paz de los cementerios: ni su figura ni su línea de oposición parecen hacer mella no ya en el partido gobernante, sino en una opinión pública que parece impermeable a las propuestas socialistas. Por otro lado, un aspirante a candidato, Antoni Asunción, viejo conocido de la militancia y con unos precedentes que incluyen perder unas primarias y unas elecciones tras las que, en lugar de aguantar el tirón y hacer oposición como presuponía su contrato electoral, se retiró a los cuarteles de invierno de los que ahora resurge. Una difícil papeleta para elegir.