17 de septiembre de 2010

Bolonia y la sociedad del bienestar

17.09.2010 | 07:30

Manuel G.ª Ferrando

En el curso que comienzan todas las universidades valencianas, públicas y privadas, implantarán el modelo Bolonia en sus programas y métodos de enseñanza, al igual que lo hará el resto de las universidades españolas que todavía no lo han hecho. Un modelo que ha recibido numerosas críticas, pues una parte, difícil de cuantificar, del profesorado lo contempla más como una amenaza que como el camino a seguir para consolidar el Espacio Europeo de Educación Superior.
Pero como no se cansan de repetir los rectores de las universidades, especialmente en el caso valenciano por su mayor visibilidad mediática, los de la Universidad Politécnica de Valencia y la Universitat de València-Estudi General, hay que seguir adelante y consolidar un modelo de estructuración de los grados (antiguas licenciaturas y diplomaturas) y post­grados de todas las enseñanzas, que armonicen ese referido Espacio Europeo. Una consolidación que va a necesitar de mucha imaginación y buena voluntad, a la espera de que se mejore esa financiación que permita un mayor desarrollo de la investigación y de la transferencia de conocimiento, en un clima de Excelencia Internacional que es totalmente necesario para iniciar la recuperación económica y el consiguiente crecimiento continuado.
El modelo Bolonia aporta como innovación más llamativa y polémica la sustitución de las llamadas clases magistrales en las que nos hemos venido formando hasta ahora todos los universitarios, esto es, unas clases en las que el profesor suele exponer, en soliloquio, los temas mientras que los estudiantes toman, como pueden y saben, sus apuntes, por unas clases participativas en las que a partir de las lecturas y trabajos hechos por los estudiantes siguiendo los correspondientes programas, se debaten en clase sus principales contenidos y, de este modo, se habitúen los estudiantes, desde el primer día de clase, al trabajo personal continuado y a la crítica y construcción del conocimiento, en una sociedad cada vez más fundamentada en el desarrollo e innovación científica y tecnológica.
Por eso, la necesidad de contemplar el proceso de convergencia europea de sus sistemas universitarios en un marco más amplio, que no es otro que el del mantenimiento y desarrollo de la sociedad y del Estado del bienestar. Un bienestar que sólo es posible mantener a partir de un crecimiento económico continuado basado en la innovación y desarrollo de nuevos conocimientos que permitan a todas las sociedades europeas hacer frente a los desafíos que presenta la creciente globalización económica. De esta forma, se ve cada vez con mayor claridad que el sistema educativo, tanto el universitario como el primario y el secundario, es la clave principal de esa necesaria capacidad de innovación de todo el sistema productivo. La educación condiciona, pues, de forma directa, el crecimiento económico, de modo que el principal soporte de un ministerio o consejería de Economía se desplaza al ministerio o consejería de Educación y Ciencia, que es el que debe formar a profesionales realmente emprendedores e innovadores, al tiempo que investiga y transfiere nuevo conocimiento. Un emprendedurismo o emprendimiento que va mucho más allá de la creación de empresas, ya que se basa en conductas que incluyen la iniciativa, el pensamiento crítico y la búsqueda de oportunidades. Vistas así las cosas, demos la bienvenida al modelo Bolonia contribuyendo con nuestra ilusión y trabajo a su consolidación y mejora de sus actuales limitaciones.

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