Lo primero que espera el personal del candidato del PSPV a la alcaldía de Valencia es que se desembarace del manual del «buen socialista», ese canon de lo políticamente correcto (socialista) que, en ciertas mentes militantes, supone una especie de religión donde la divergencia merece el castigo eterno. Al final, sólo se salva el viejo principio liberal de la libertad, así en la izquierda como en la derecha. No es fácil mantener el principio, cada día más revolucionario. El del respeto y la libertad. En cuanto te descuidas, ya acechan las llamas de la hoguera pública sobre tus carnes. A medida que aumenta el desconcierto de la izquierda, cobran más vigencia los reflejos del Siglo de las Luces, ese que transformó el mundo. En todo caso, el candidato a la alcaldía de Valencia, Joan Calabuig se rebeló ayer contra el argumentario de su propio partido. Ya era hora. Un hereje. ¿Cuánto tiempo hace que no descubríamos uno? Celebremos la heterodoxia y recordemos que, hace tan sólo unas décadas, era una de las fuentes de la emancipación.
Cuando a Camps le caían todos los rayos y centellas de la oposición –le llamaron loco y querían incapacitarle–?por negociar para Valencia un parque temático, el de Ferrari, en una coyuntura económica indescifrable, Calabuig, dice que no le ve mal. Matizó el asunto: ha de inscribirse la operación al haber y el deber, a los costes y los pagos sensatos, a los consensos políticos pertinentes, a la transparencia en las cifras, a los estudios rigurosos. Vale. Pero apoyó el proyecto, desatando las iras, se supone, de la retórica «académica» de la izquierda. Antes Gerardo Camps había dicho una cosa razonable: se estudiarán las inversiones extranjeras y si son rentables, se traerán. ¿Cómo negarse a ese acuerdo? Ahora bien, ¿la inversión pública tendrá efectos externos sobre la economía próxima? Habrá que estudiarlo. Terra Mítica no es un ejemplo feliz.
Cruz Sierra sostenía el otro día que Calabuig debió haber acudido galopando a no sé qué manifestación callejera en pro de algo, tampoco recuerdo de qué. Calabuig, si quiere sacar algún voto de más, ha de travestirse de Rita Barberá, ni más ni menos, y si se me permite la licencia, no muy afortunada. Gente de orden para una Valencia conservadora. ¿Quién saca más votos en Valencia? ¿El PP o EU? Pues el PSPV de Valencia está más cerca de EU. Y el personal –que no hay que confundir con la prensa– está encantado con la Fórmula 1, y el tenis, y los barquitos navegando, y Cheste y las motos, y cosas así, como de cuento infantil. Que se le va a hacer. Antes, los teóricos, lo llamaban alienación. Ahora no se cómo lo definirán. La cuestión es sistematizarlo todo, aunque no se acierte en casi nada.
Lo que ha de aclarar el PSPV son las voces que suenan cerca de la alcaldía. Está Calabuig, Alborch y Broseta. Excesivas. Y el que se presenta contra Barberá es Calabuig. Tal vez habría que abrirle paso. A él y a su discurso, y si es autónomo el discurso, como el de ayer, mejor. Que lo otro, por consabido, parece un velatorio, además de resultar ineficiente.