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Véngase a Alemania, Herr José

Xavier Domènech

 05:30  

Vente a Alemania, Pepe fue una película de 1971, dirigida por Pedro Lazaga e interpretada por Alfredo Landa, sobre la emigración laboral española de los años sesenta. Su protagonista emprende el viaje con la esperanza de regresar conduciendo un Mercedes, pero lo que encuentra son muchas horas de trabajo por un sueldo escaso. Ahora, la cancillera Merkel ha lanzado un mensaje parecido, pero sólo en parte: ya no llama a Pepe, sino a herr José, porque lo requerido por la economía germana son jóvenes profesionales cualificados y especializados que no encuentran trabajo en nuestro país.
No es nuevo. No hace tanto se produjo una notable emigración de enfermeras españolas hacia la sanidad británica, que andaba escasa y ofrecía mejores condiciones. Al mismo tiempo, nuestras salas de urgencias se empezaron a llenar de médicos con acento sudamericano. Es la ley de la oferta y la demanda: cuando un país forma a menos profesionales de los que necesita, recurre a la importación. Cuando ocurre lo contrario, los exporta. Con un matiz no poco importante: los que exportemos serán especialistas formados en su mayor parte en centros públicos a cargo de los impuestos españoles. ¿Quizás habría de cobrar derechos de formación? Pero Europa ya es una unidad de mercado, así de capitales como de empleos. Al final nos daremos cuenta.
Se afirma con frecuencia que la formación es un problema importante de la economía española, y que si no se eleva el nivel de los jóvenes no saldremos del ladrillo y del turismo de sol y sangría. Algo debe de fallar en este cuadro cuando Alemania acude a España en busca de lo que se supone que no producimos. No hay duda de que el nivel global de la formación es manifiestamente mejorable y que existen notables lagunas en más de un sector, pero en otros resulta ser demasiado bueno para lo que son capaces de ofrecer tanto las empresas como las administraciones.
Hay que subir también, y sobre todo, el nivel de éstas. De poco va a servir la exigencia a los gobiernos para que apuesten por la excelencia académica y por el I+D universitario si los empleadores se quedan atrás. Puestos a elegir, siempre será mejor el desequilibrio contrario: el que obliga a importar ingenieros. En agosto pasado, Alemania calculó que necesitaba 36.000. Qué envidia. Los chicos están ahí, sobradamente preparados. ¿Vamos a dejar que se los lleven?

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