Javier Arenas ha pedido desde el PP una reflexión conjunta de los dos grandes partidos para redefinir la figura judicial del imputado, y Antonio Hernando, responsable de política municipal del PSOE, admite que la imputación lleva a una condena social antes de tiempo. Pues a buenas horas se dan cuenta. La figura del imputado —recuerda el vicesecretario del PP— se introdujo para hacer más garantista el proceso de investigación penal. Establece que cuando se cita a una persona de la que se sospecha participación en el hecho investigado, se le debe comunicar tal circunstancia para que las vea a venir y acuda con abogado. Es decir, que no se le puede citar como mero testigo y hacerle preguntas que pueden llevar a que se inculpe. A este sospechoso con derecho a defensa se le llama imputado, pero el acto de imputar está aún lejos del acto de acusar, que es el que puede llevarle a juicio.
Ahora bien, en el Diccionario de la Real Academia, imputar significa «atribuir a alguien la responsabilidad de un hecho reprobable». Es algo distinto de sospechar, que significa «imaginar algo por conjeturas fundadas». Por ello, la ciudadanía, que es lega en Derecho pero sabia en lenguaje, interpreta que la frase «el juez imputa a Pepe por cohecho» no significa «el juez le dice a Pepe que se traiga un abogado», sino «el juez dice que Pepe está pringado». Ahora, los dos grandes partidos se dan cuenta del lío, pero tal descubrimiento se produce cuando los instructores andan imputando políticos a troche y a moche; mucho, pero no sólo, a cuenta del caso Gürtel. Mientras el equívoco no ha tocado zonas cercanas al corazón de las grandes formaciones, no parece que hayan sufrido mucho por el atentado contra la presunción de inocencia, pero ahora lo ven de otra forma. ¿Habría tenido Arenas tal revelación si no hubiera imputados, consumados y potenciales, en sus propias filas? ¿Estaría el PSOE en la misma onda si no padeciera la misma circunstancia? El tiempo transcurrido desde la reforma ahora cuestionada da buena cuenta de la respuesta a tales preguntas. Un tiempo en el cual se reclamaba de todo imputado, por la causa que fuese, la inmediata salida de las instituciones y la exclusión de las listas de candidatos, lo que vinculaba las carreras políticas a la acción de los fiscales y los jueces de instrucción. Ahora están rebajando la exigencia. Por la cuenta que les trae.