El incierto futuro de la vieja Fe

Editorial

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El pasado fin de semana concluyó el traslado de enfermos de las instalaciones de la antigua Fe en Campanar a las nuevas instalaciones en Malilla. Culminaba así el mayor proyecto sanitario de la historia reciente en la Comunitat Valenciana. Sin embargo, a pesar de llevar años pergeñándose y ejecutándose, no deja de sorprender que llegado este momento se presente un vacío sobre el futuro de las antiguas instalaciones. La permanencia de un hospital de estancia de crónicos con 120 camas o los servicios de lavandería para cuatro centros sanitarios parece una apuesta escasa, más aún si se tiene en cuenta que el nuevo hospital tiene prácticamente la mitad de camas que el viejo y que ahora queda un agujero en cuanto se refiere a centros asistenciales públicos en esa zona norte de la ciudad.
No resulta aceptable que la seguridad privada del recinto se haya visto obligada a improvisar con cadenas y candados el cierre de los pabellones ahora abandonados para frenar el saqueo que ya se había dejado sentir. Más aún, cuando allí permanece material en perfecto estado de uso. La prolongación de la incertidumbre y la desocupación pueden derivar además en un deterioro de las instalaciones. Parece imprescindible, pues, un plan de usos urgente por parte de la Generalitat para esta gran parcela que en principio debe permanecer como dotación sanitaria y que ha albergado durante décadas el auténtico buque insignia de la asistencia sanitaria valenciana.

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