Casi impiden que cante Llach

Jesús Civera

 08:45  
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"Tú me dirás si son instituciones democráticas", soltó Eliseu Climent el sábado. La Diputación de Valencia, que preside Alfonso Rus, negó, como viene siendo habitual, la plaza de toros de Valencia –que es de todos, no del partido que gobierna, hará falta recordarlo– para el acto de Acció Cultural donde el cantautor Lluís Llach «reaparecía» tras cuatro años apartado de la música. También el Ayuntamiento de Valencia, que preside Rita Barberá, se resistió a proporcionar una esquina en la ciudad para el recital que amenizaba el colofón de la marcha del 25 d´Abril. Más. Un día antes de la manifestación, los organizadores desconocían dónde finalizaría, porque el consistorio municipal no les había informado sobre tan decisivo aspecto. Hubo que improvisar un pequeño escenario sobre un camión. Meses de dificultades e inconvenientes por parte de las instituciones valencianas gobernadas por el PP que, sin embargo, facilitan sin la menor traba permisos y licencias para los actos que organizan desde el poder o que montan colectivos próximos en creencias e ideologías.

Ese es precisamente el déficit democrático que se constata y que algún día de estos habrá que superar. El PP apenas distingue entre las instituciones y la maquinaria del partido, lo que testimonia la falta de cultura democrática. Pero la calle no es suya, la plaza de toros no es suya, las plazas de Valencia no son suyas, el Muvim o el Museo de la Ciudad no son suyos. Gestionan el ámbito común y los centros institucionales pero los han de administrar con sedimentos democráticos: no les pertenecen las subvenciones que conceden a los centros culturales, ni les pertenecen las nóminas que pagan a los policías. Dirigen, porque tienen legitimidad para ello, las políticas. Simplemente. Pueden conceder subvenciones o no. Y aumentar o disminuir la plantilla de policía. Eso ya es «política». Los ciudadanos les aprobarán o castigarán. Cuando se rebasa el límite, se atenta contra el pacto ciudadano.

Habrá que recordarlo. No se puede perseguir a nadie por su ideología. ¿Se le puede hostigar, acosar, coaccionar, reprimir? Esa es otra manera de persecución. No entra por tanto en el catecismo del demócrata, que ha de garantizar la libre expresión de ideas, se esté de acuerdo con ellas o no. Después de décadas de democracia, el PP valenciano no parece comprender los dos o tres pilares básicos que cimentan el sistema. La esfera de las ideas es sagrada, por encima, incluso, de la picaresca que tiene a unos y otros entretenidos en los juzgados. La picaresca se relaciona con el cuerpo; las ideas, con el cerebro. Las ideas son intocables. Hay que «ser» un poco «francés» para comprenderlo, pero tampoco mucho. Por eso la censura de las fotografías en un museo bajo las siglas de la Ilustración fue un episodio tan grave. Y es más grave que perdure el error. Lo sufrieron el sábado los que portaban ideas –las suyas, como cualquier otras–, durante la manifestación de ACPV.

jcivera@epi.es

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