Hasta el minuto 20 de su informativo de las 2 de la tarde de ayer, Canal 9, la televisión supuestamente autonómica y valenciana, no hizo mención —confusa, profusa y difusa mención— al notición que colgaba, desde al poco de producirse, en todas las webs de periódicos y en los altavoces de radios y televisiones de España. Canal 9, que hace el enorme esfuerzo económico de gastarse lo que no puede en apesebrados periodistas que se trae de Madrid para debatir sobre cuestiones baladíes o incensar a Camps, por maquillar la impresentable televisión autonómica que tenemos, puso en su portada, en sus titulares principales las siguientes noticias: la exculpación de Marta Domínguez, la segunda tanda de vacaciones de julio, el stress de los bancos y unos paripés de manifestaciones de estudiantes chilenos.
Como ven, todo de rabiosa actualidad, en una televisión en la que Camps suele aparecer una docena de veces, sin exagerar, en distintos momentos de cualquiera de sus informativos, muy a pesar de que en Canal 9 tienen un estudio en el que se aconseja que no pongan tanto a Camps, pues los informativos, en el momento en que sale, pierden audiencia por un tubo. La gente está hasta los cataplines de ver la agriada cara de Camps y su falsa sonrisa rebozando todo el minutaje de sus emisiones. Canal 9, más que la televisión de todos los valencianos es —entre otras cosas, como por ejemplo, el ejercicio del derecho de pernada por parte de algún alto cargo de la íntima confianza de Camps, a quien sigue, cómo no, en el penoso y delictual camino del banquillo— un reconocido aparato de agitación y propaganda de caraduras y prepotentes, aparte de un campo abonado a que hagan caja los lameculos del régimen y adláteres.
Que Camps y sus allegados acaben en el banquillo de los acusados por supuestamente recibir generosas dádivas de la banda de delincuentes Gürtel —chorizos sin fronteras— no le ha merecido a Canal 9 ningún interés. No ha puesto el notición en titulares de portada y lo ha dejado caer, como quien no lo quiere, en un atrasado minuto 20 del informativo, entre cabalgatas y procesiones, explicado el hecho de tal manera que en absoluto se ha entendido la trascendencia y gravedad del hecho. Canal 9, que nos cuesta riñón y medio a cada valenciano, ayer se ganó de nuevo una buena dosis de descrédito. Sus directivos y profesionales tuvieron que pasar la vergüenza de que, mientras todos los móviles y medios de comunicación españoles repicaban a gloria destacando la noticia, ellos la ninguneaban, la escondían, pretendían confundir a los pocos seguidores televisivos que les queda.
Que al presidente del Gobierno valenciano lo tengan que sentar, aunque sea apriorísticamente, presuntamente, en el lugar reservado en los tribunales para los delincuentes, no mereció a jefes y periodistas de la casa un tratamiento informativo debido y correspondido con la condición del personajes y las circunstancias que le rodean. No aplicó Canal 9 la técnica del silencio sobre este lamentable y luctuoso hecho, pero sí empleó la técnica de la confusión, la del enredo, la de la guerrilla urbana, marear, contra marear, mentir, decir las verdades a medias. Lo ocurrido, lo que viene ocurriendo y lo que ocurrirá, si la oposición no lo remedia, pertenece a la peculiar ética de Canal 9, la del derecho de pernada y las multimillonarias comisiones a ciertos directivos a la salud del Papa.
Camps, me consta, a veces suele quejarse de que los profesionales y asesores en la materia no han sabido vender su imagen. Ahí tiene toda la razón del mundo, queriéndole favorecer, los piernas que le rodean, suelen pringarla y pringarlo siempre, más que creadores, constructores y favorecedores de imagen, acaban siendo todo lo contrario. Les nace, y no lo hacen peor, porque no se entrenan, son demasiado vagos e ineptos.