Los periodistas ante el «storytelling» político

Lluís Cucarella

 05:30  

A grandes zancadas en Estados Unidos, Francia, Reino Unido y otros países europeos, a pasos más pequeños en España, y favorecido por el ritmo veloz que marcan internet y las redes sociales, el storytelling, el arte de contar historias, usado ahora como estrategia de persuasión mediante el recurso al relato o a la creación de una historia que movilice a la opinión pública, se va asentando. Si las librerías españolas ya acogen libros como Storytelling para el éxito, o Será mejor que lo cuentes, en áreas como la política y sus campañas electorales, el peso del storytelling es cada día mayor.
En un momento en el que los análisis y balances partidistas causan un descreimiento general y un cuestionamiento permanente de todo lo que dicen o hacen los políticos, sólo el recurso al cuento, al relato, permite abrir un resquicio en los mecanismos de autodefensa de los ciudadanos.
«En el momento en que todas las formas del discurso racional están marcadas por la sospecha, únicamente el relato parece poder sustituirlas», señala el sociólogo francés Christian Salmon en su reciente libro, La estrategia de Sherezade. «Las campañas electorales se han convertido en festivales de narración durante los cuales más que ideologías se enfrentan personajes, y donde el voto sanciona no tanto las competencias de un actor-candidato, sino más bien sus resultados, su capacidad para captar la atención y suscitar emoción», apunta en La estrategia de Sherezade, título que define la razón de ser del storytelling político, que no es otra, según Salmón, que la de «prolongar una vida política condenada y retrasar la ejecución de la condena a muerte que el rey (es decir, el pueblo) ya ha pronunciado en su contra». La práctica para, en definitiva, hacerse con el poder y mantenerse en él.
En las elecciones estadounidenses de 2008, el storytelling, que venía creciendo desde mediados de los 90, estalló como «arma de distracción masiva». La campaña electoral se convirtió en un gran teatro virtual, en el que cada uno había creado una historia, sobre todo Obama, que ya con sus primeras palabras en las primarias demócratas de Iowa («Decían que este día nunca llegaría…»), concibió una historia de predestinación, la idea de que con el apoyo de todos, EE UU podría cumplir el Sueño en mayúsculas, el «I have a dream» de Martin Luther King. Y la maquinaria del storytelling se puso en marcha, apoyándose en la explosión de las redes sociales. Habían creado el cuadrado mágico: un storyline (una historia capaz de constituir la identidad narrativa del candidato), un timing (asentar la historia dentro de los límites del tiempo de la campaña), el framing (enmarcar el mensaje, creando metáforas), y el networking (crear la red en internet y físicamente).
El gabinete, sus asesores, lanzaban sin parar mensajes que reforzaran esa historia, imponían el tema. Las redes, Twitter y Facebook multiplicaban ese ritmo veloz, creando una realpolitik de las emociones, en el que quedaba fuera cualquier posibilidad de un análisis racional y desapasionado, desembocando en una creciente ficcionalización de la política, que parecía incluso recortar las distancias entre la vida real y El ala oeste de la Casa Blanca, y en donde la percepción era ya más importante que la realidad. Y, con ciertas diferencias, el storytelling se ha ido introduciendo también en Europa con Sarkozy o el propio Berlusconi y en retazos en la política española.
La popularización del storytelling en la política impone, de nuevo, a los periodistas, un papel clave, diferencial, que ya viene desempeñando, pero que cabe ahora fortalecer por las redes sociales, que han roto el ciclo informativo de 24 horas de las campañas, para reducirlo a apenas media hora, y donde se traslada en 140 caracteres.
A los periodistas corresponde desenmascarar el teatro virtual, alejarse del papel que los políticos quieren darles de meros comentaristas de las secuencias que impone el storytelling, y dirigir y reconducir el debate a los problemas reales de la sociedad, devolviendo esa creciente ficcionalización de la política al análisis, al escrutinio de las ideas. Si bien es un desafío antiguo no dejar que los políticos marquen la agenda, el peligro añadido viene del nuevo ritmo, de las redes sociales, que replican estas secuencias y están exigiendo atención a la llave de kárate de cada microciclo informativo. En definitiva, el periodismo de campaña ante un riesgo: mostrar a los lectores dónde acaba lo real y empieza lo novelado.
Como recoge Salmon, citando al investigador en neurociencias Antonio Damasio: «Hoy, con internet difundiendo información las 24 horas del día, estamos sumergidos en un contexto en el que ya no queda tiempo para reflexionar. Los votantes están guiados por puros sentimientos de simpatía o aversión». Devolver el debate a la racionalidad y al análisis es labor de los periodistas, de los buenos periódicos, una labor diferencial que vuelve a echar por tierra la cada día menos sostenible idea de que ya no es necesario el periodismo de calidad: una historia interesada y tan poco verosímil como la de los peores storytellers.

  HEMEROTECA
  LA SELECCIÓN DE LOS LECTORES
 LO ÚLTIMO
 LO MÁS LEÍDO
 LO MÁS VOTADO
Levante-emv.com y Levante-EMV son un producto de Editorial Prensa Ibérica
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de Levante-emv.com. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.
 


  Aviso legal
  
  
Otros medios del grupo Editorial Prensa Ibérica
Diari de Girona  | Diario de Ibiza  | Diario de Mallorca | El Diari  | Empordà  | Faro de Vigo  | Información  | La Opinión A Coruña  |  La Opinión de Granada  |  La Opinión de Málaga  | La Opinión de Murcia  | La Opinión de Tenerife  | La Opinión de Zamora  | La Provincia  |  La Nueva España  | Mallorca Zeitung  | Regió 7  | Superdeporte  | The Adelaide Review  | 97.7 La Radio  | Blog Mis-Recetas  | Euroresidentes  | Lotería de Navidad | Elecciones Generales 2011