El Museo Valenciano de Historia Natural se ha salvado «in extremis» al decidir la Diputación de Valencia y el ayuntamiento del cap i casal resolver los problemas económicos que arrastraba. La alcaldesa de Valencia Rita Barberá aseguró rotunda que el museo —que alberga 220.000 muestras de insectos y moluscos y es visitado cada año por 7.000 escolares— no se cerrará. Y desde la institución que preside Alfonso Rus —quien no hace tanto señalaba que a la Diputación le sobraban los museos— su diputada de Cultura María Jesús Puchalt anunciaba «propuestas de futuro viables», al tiempo que proponía acoger las colecciones en las instalaciones de la Beneficència.
De haberse consumado el cierre, habría sido el primer museo en hacerlo, pero no es el único de Valencia mal concebido o en dificultades. Desde hace años, el museo que alberga las colecciones de insectos Torres Sala y la malacológica de Siro de Fez está en un local inadecuado para su exhibición, y sus fondos no pueden ser trasladados al Museo de Ciencias de los Viveros, instalado en el antiguo restaurante y sin posibilidades de crecer dentro de un jardín protegido. Frente a esta situación, y al permanente estado de revisión y obras de los dos grandes museos clásicos, el San Pío V y el de Cerámica, el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe permanece sin actividad de la que le da nombre y recibe a millones de visitantes por su arquitectura y no por sus contenidos, muestra de un defecto en la gestión del inmueble.