El problema de liquidez de Romney

Dana Milbank

 05:30  

Mitt Romney se está convirtiendo rápidamente en el tío Gilito de las presidenciales de 2012. En la versión de Disney, Gilito es el tío rico del pato Donald, aficionado a bucear en su cámara acorazada y nadar a través de sus monedas doradas. Romney logró idéntico efecto hace años al posar con colegas ejecutivos de Bain Capital en una fotografía que muestra billetes saliendo de sus bolsillos y sus bocas. Pero al toparse con New Hampshire en el camino a su victoria en las primarias presidenciales republicanas del Estado, las riquezas de Romney le acarrearon un aluvión de problemas. Hablando en un acto organizado por la Cámara de Comercio en el hotel Radisson, estaba discutiendo el valor de comparar seguros cuando se volvió a la cámara y dijo, con perverso placer: «Me gusta poder despedir a la gente que me presta servicios».
De esta forma, la cinta del probable candidato republicano, sin ánimo de lucro, se transforma en uno de los primeros anuncios del presidente Obama por la reelección. Por si no había pruebas suficientes de que Romney representa al Partido del Progreso de los Plutócratas, la primera persona en hacer preguntas lo confirmaba. «En estas elecciones históricas, nos hace falta convencer a las masas de que nuestra visión de conservadores les va a beneficiar», decía ella. «De manera que mi pregunta es: ¿Cómo va a convencer a América de que le respalde como candidato?». Al menos no dijo «populacho». Romney no manifestó ninguna preocupación porque la mujer hubiera mencionado en voz alta algo del manual de los plutócratas. «Ése es el motivo de mi campaña, por supuesto», decía.
Por supuesto.
El candidato, que el año pasado dijo a un grupo de residentes de Florida en paro que «yo también estoy parado», se preocupaba en voz alta el domingo pasado de que «hubo un par de veces que me pregunté si iba a recibir la carta de despido» trabajando en el oficio de la consultoría, oficio que le ayudó a levantar su fortuna personal de hasta 250 millones de dólares. Reparando a lo mejor en que el pronunciamiento de la hoja de despido era problemático, el propietario de múltiples casas y caballos afirmaba el lunes que «En realidad, empecé desde abajo, saliendo de la escuela». Los doctorados recién estrenados por la Harvard de Romney pueden dar por descontado ganar cifras de seis ceros en sus empleos «desde abajo» en las consultoras.
La explicación del desde abajo no llegó muy lejos entre los rivales de Romney.
Rick Perry, cuyo patrimonio está muy lejos del de Romney, respondía mientras visitaba un local en Carolina del Sur: «Bien, no me cabe duda de que Mitt Romney estaba preocupado por el despido, si iba a despedir a los suficientes porque su empresa, Bain Capital, con todos los puestos de trabajo que ha destruído, estoy seguro que le preocupaba que se fuera a quedar sin cartas de despido».
Y Newt Gingrich describía Bain Capital como «un atajo de ricos que manipulan las vidas de miles de personas y les quitan todo el dinero». Gingrich, sin embargo, no debería tirar piedras contra su tejado. Presume de sus honorarios por discurso de 60.000 dólares y llegó a quejarse de los usuarios de los comedores sociales en sus discursos en New Hampshire.
Para cuando Romney se personaba en el siguiente mitin el lunes, estaba claramente irritable. Primero, mezcló a los suyos al hacer la presentación: «Mi tercer hijo se llama Ben, ha estado ausente. Es un médico de Utah. Llegó la otra noche. Pido un aplauso especial». Tras el aplauso, Romney revisaba: «¿Qué dije? Mi tercer hijo llega esta noche. Ben es el cuarto». Romney proseguía para tratar de explicar el valor de comparar seguros de salud, sin mencionar esta vez el placer que obtiene de despedir a la gente. Lo comparaba con el seguro del automóvil. «¿Veis la televisión, el animal, el lagarto de los seguros? Esta gente compite duro por el negocio».
Entre la prensa, muchos de los 150 periodistas se miraban mutuamente y sonreían. El candidato ya les había despachado un amplio abanico de fórmulas nobles durante la jornada, templando su discurso ante la Cámara de Comercio con fórmulas como «bruto-neto» o «si estás dado de alta como sociedad limitada»
Romney no había terminado con su bombardeo verbal, no obstante. Tras su mítin, celebrado en unos altos hornos, volvía para responder a las preguntas del populacho de la prensa, 35 cámaras de televisión incluidas. Decía que su afición a los despidos se limitaba a las aseguradoras y que «la gente saca cosas de contexto y entiende algo que no es».
Esto viene de un caballero que hace poco tenía en emisión un anuncio que mostraba al presidente Obama diciendo que «si seguimos hablando de la economía, perdemos». En realidad, en el extracto de 2008, Obama estaba citando a un ayudante de John McCain.
¿Y ahora Romney se queja de que le sacan de contexto? Eso es rico.

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