De la cacareada y nunca bien ponderada reforma laboral que Europa exigía a España para no cavar una fosa en los Pirineos que evitara un grave proceso de contaminación y acabara con la unión política y económica no salen más que mensajes de despidos, abaratamiento de las condiciones para rescindir contratos y precarización de los ya existentes y los que vendrán. Rajoy, 2; cumplimientos electorales, 0. Después de pasarse cuatro años maldiciendo a los de Al Qaeda que les arrebataron una victoria electoral segura un 14-M; y otros cuatro pregonando a los cuatro vientos que Zapatero y los suyos no sabían hacer la O con un canuto y que su incompencia iba a llevar a España a hundirse en el Atlántico, los populares ganan las elecciones con dos promesas: Bajar los impuestos y crear empleo. En su primer Consejo de Ministros, impuestos arriba, con el argumento de que les habían engañado, que el erario estaba peor de lo que decían. Y ayer, el despido más fácil y barato. Olé.