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Ante el final de una era de ineficacia y sectarismo

Editorial

 05:30  

Sería un error que los ciudadanos creyeran que no cabe otra actitud en mitad de la tormenta que la de resignarse y esperar a que otros vengan con el paraguas. Ninguna comunidad autónoma, ni mucho menos la valenciana, va a superar con sus propios medios la recesión pero sí puede hacer antes mucho por ir soltando lastre a fin de situarse, libre de intereses cautivos, en una posición óptima para cuando escampe.
Las circunstancias requieren reaccionar con vigor. Nos hemos acostumbrado a vivir por encima de nuestro esfuerzo, un problema que debe abordar en serio para evitar en el futuro nuevas tentaciones que arruinen por completo el Estado social y de Derecho que tanto nos ha costado conseguir. Llevábamos quince años sin experimentar lo que era una crisis económica y eso ayudó a crear una generación que no sabe sufrir para salir adelante. Nos resistimos a renunciar a una parte de nuestro bienestar por un mayor sacrificio.
Los especialistas auguran que España seguirá contrayéndose el próximo año. En vez de aplicar paños calientes donde no son tan necesarios hay que abordar cambios con decisión. Hace falta apostar por el trabajo productivo y por la innovación, prestigiar las cosas bien hechas y la honradez, dejar de abusar de las bajas laborales sin fundamento y de atiborrarse de medicinas gratis, renunciar a la picaresca, a las chapuzas en negro o a los excesos del seguro de desempleo que convierten en preferible permanecer en paro antes que molestarse en buscar un empleo.
Hace falta también poner fin al despilfarro que ha llevado a abrir aeropuertos sin aviones (el de Castelló, sin duda, pero también otros muchos construidos durante esa bacanal despilfarradora de fondos públicos que también han vivido otras autonomías), puertos sin barcos y edificios emblemáticos vacíos, a conceder subvenciones injustificadas que hacen ricos a empresarios en actividades ruinosas o a engordar un sector público ineficiente del que cuelgan multitud de chiringuitos costosos, inútiles y clientelares. A los políticos les cuesta adelgazar sus engendros. La grasa innecesaria siempre rebota, como en las malas dietas.
El desempleo tiene mucho de estructural, de apuesta equivocada por un modelo productivo inconsistente. No se vence penalizando a la industria con una energía a precio de oro, que la coloca de partida en condiciones desfavorables para competir con sus rivales en mercados nacionales e internacionales. Tampoco acordándose de los pequeños empresarios y de los autónomos sólo cuando tocan elecciones. Nadie habla de la urgencia de abordar un plan de empleo para jóvenes, los grandes damnificados de la ola de desesperanza, ni de acometer más liberalizaciones. Nadie ha invertido un minuto en convencernos: sí, esto es duro, pero después del esfuerzo aguarda una recompensa mayor.
Con todo, la principal reforma es un cambio de mentalidad que lleve parejo una política y unos políticos diferentes que sustituyan a los actuales por otros más competentes, más austeros y más honrados. Unos representantes que entiendan su función como acto de servicio a la sociedad, que cuenten con los mejores, sin las mezquindades y sectarismos que tantas veces hemos vistos en los nombramientos de los entes de la Administración. Y dar paso a una auténtica renovación que aleje cualquier tentación populista de pescadores en río revuelto, de salvapatrias y dictadores disfrazados de demócratas.
Que abra de par en par las puertas al optimismo con un mensaje de esperanza, de respeto y de confianza en nuestra capacidad de regeneración para salir adelante.
La distancia entre los políticos y los ciudadanos está agigantándose sin que a los primeros parezca importarles demasiado. Tanta despreocupación es peligrosa. Si nadie combate con conductas ejemplares el desprestigio institucional lamentaremos las consecuencias. Hacen falta liderazgos que ayuden a mantener los referentes, no que utilicen el desconcierto para medrar.
Cuando el mundo recobre la calma €y lo hará a poco que EE UU mejore, Europa tenga estabilidad y tiren las economías emergentes€, no puede pillarnos en las mismas condiciones que el día en que todo estuvo a punto de irse al garete. En la Comunitat Valenciana queda mucho por hacer. Hace falta abordarlo con determinación, rapidez y firmeza.

  Viñetas de Raúl Salazar

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  El humor gráfico de Ortifus

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