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A los jóvenes del 2013

Carlos Manzana

 05:30  

Cada año se repite el mismo ritual: «¡Feliz año nuevo! ¡Y mis mejores deseos de salud y felicidad!». Vuelven los buenos propósitos y las promesas relativamente fáciles de cumplir, al menos cuando parecía irnos bien y la sanidad era pública y gratuita, estudiar garantizaba tener un futuro digno y a nadie le importaba lo que era la prima de riesgo.
Lo cierto es que hay pocos motivos para creer que el año que empieza vaya a ser mejor que el anterior. La OCDE prevé un 25,3% de paro para el año 2013, un récord histórico que va a seguir cebándose con nosotros los jóvenes, disparándose el desempleo juvenil hasta extremos insoportables que superan el 50 %. La consecuencia es que ya son más de 55.000 quienes han tenido que emigrar al extranjero (INE), la mayoría con un título universitario bajo el brazo y no por ser «aventureros», sino para poder comer.
La opción de quedarse no pinta nada bien. Miles de jóvenes estudiantes nos enfrentamos a una reforma educativa absurda y recortes ideológicos contra el sistema público de enseñanza. Menos profesores con menos salario, más alumnos por clase, 800 barracones, impagos de la Generalitat en servicios básicos, recortes y robo de becas al estudio, Erasmus, transporte o comedor, subida de tasas, marginación del valenciano, españolización, etcétera. Medidas agresivas y recorte de derechos impuestos a golpe de porra y decreto ley.
Cada día hay unos 46 desahucios en el País Valencià, la edad media de emancipación roza los 30 y la eliminación de las ayudas al alquiler para jóvenes sólo es una traba más contra nuestra libertad y nuestros proyectos de vida. ¿Por qué? Bueno, que se lo pregunten a la McDonalización universal de las relaciones laborales que recoge la última contrarreforma laboral, retrospectiva de la Edad Media y la puntilla a la precariedad en el trabajo.
Qué bonito, ¿verdad? En 2013, nuestra generación, la que no dejan de repetir que es la mejor formada de la historia, que somos el futuro, seguirá viviendo peor que nuestros padres y madres. Y a quien se le ocurra protestar, que sepa que hay una mayoría silenciosa que calla, traga y sonríe, una mayoría nimileurista, que ha vivido por encima de sus posibilidades creyendo que sus derechos y bienestar iban a ser universales y eternos.
En fin, visto el panorama, sólo hay dos opciones. Podemos agachar la cabeza, resignarnos, dejar que sigan empobreciendo nuestras vidas, ver cómo se criminaliza el derecho a huelga y manifestación y nos llaman «el enemigo», o convertir la rabia en acción, la indignación en compromiso. Implicarse, cada uno a su manera, porque la política que no hagamos nosotros, se hará „ya lo están haciendo„ contra nosotros. Sin miedo más que a la frustración y a la indiferencia. Por tus derechos y por los nuestros, ¡organízate y lucha!

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