Ciencia dormida, sociedad engañada

14.06.2013 | 02:13

Arnaud Berthier y Carlos Romá Mateo

De manera silenciosa y discreta, generaciones de científicos han llevado a cabo su labor de producir nuevos avances teóricos que redundan en tecnologías que mejoran la vida diaria de cada uno de nosotros. Hoy, una vez más, millares de investigadores en toda España salen a la calle. Y lo hacen no solamente para denunciar la caída drástica de la financiación de los centros científicos y de su personal, sino también para que el Gobierno entienda, si es capaz de hacerlo, que presionando tanto este sector esencial para desarrollar la economía, asesina a toda España.
Un investigador, joven o sénior, no se va del país para mejorar sus conocimientos (como se asegura a menudo desde el Gobierno), sino porque ya no puede investigar correcta y eficientemente. Perdemos así los productos de su investigación, que jamás regresarán a nuestro país. Los científicos, por nuestra parte, no podemos seguir trabajando silenciosa y discretamente, dormidos mientras a nuestro alrededor se desmantela el futuro por el que llevamos trabajando tanto tiempo. Nuestro silencio no puede contribuir al engaño de nuestros dirigentes, que constantemente transmiten la imagen de que una infraestructura científica subvencionada es un lujo, un capricho cuyos beneficios para la sociedad son abstractos e inaplicables. Nada más lejos: el gasto de ahora no es sino una inversión, para salir más rápidamente y de forma duradera de la crisis. Los científicos no son hormigas que almacenan el dinero, ni tampoco cigarras que lo gastan sin pensar, sino abejas que polinizan las flores del conocimiento haciendo que las aplicaciones tecnológicas crezcan y se multipliquen, con el consiguiente florecimiento de la economía.
Por supuesto, los investigadores no estamos ciegos ante la situación que atraviesa nuestro país; hemos aguantado que se redujeran tanto nuestros sueldos, como los presupuestos de nuestros laboratorios. Pero la situación se ha vuelto dramática, llevando la ciencia y la investigación a un punto de casi asfixia. Es nuestra responsabilidad comunicar a la sociedad qué es lo que se le está arrebatando, pues trabajamos para ella. El desarrollo de la ciencia es algo que no puede detenerse ni silenciarse; una ciencia dormida es una ciencia muerta, y una sociedad sin ciencia, es una sociedad engañada.

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