Un feo espectáculo

Juan José Millás

01.09.2013 | 05:30

Según algunos, esto no cambiará hasta que el miedo cambie de bando. La idea presupone la existencia de dos grupos, cuando esta crisis se juega a varias bandas y en todas, con mayor o menor intensidad, hay miedo; en algunas, pánico. Significa que después del verano (que no del veraneo) estamos menos frescos que antes. Hay un agotamiento psicológico general, una depresión ordinaria en el sentido de que forma ya parte del paisaje. La depresión como objeto doméstico. Cuando se despertó, la depresión continuaba allí. Ignoramos el significado social, así como la utilidad política de la situación: hemos estudiado poca teoría del significado y, en cuanto a la política, aunque se puede estudiar, es muy difícil de aprender.
Pero ve uno en la tele a Griñán, por poner un ejemplo, con el enjuague de la dimisión y de la senatura, que no ha dejado una silla y ya tiene otra asegurada, observa uno el espectáculo de risas y sonrisas y celebraciones, etcétera, y piensa que a ese hombre le viene bien la depresión de quienes le han votado y la de quienes no. Gracias a esa tristeza viral puede dar un espectáculo que de otra manera resultaría imposible. Oiga, si usted se va de verdad por problemas personales, déjelo todo de una vez, que ya tiene edad de cobrar la jubilación. Y si está mintiendo, si no se va del todo por miedo a que le imputen, díganoslo también. Busque un modo de hacerlo que tenga cierta gracia, pregunte a sus asesores. Personalmente, le aconsejaría un registro como de novela policiaca: „Es que noto en la nuca el aliento de la juez Alaya.
En todo caso, el Senado, que no servía para nada, no puede empezar a convertirse en un refugio para fugitivos de la justicia. Quiere decirse que usted y su sucesora están dando un espectáculo muy feo. Hay otros espectáculos muy feos, ya lo sabemos, porque España ha devenido en un circo siniestro con siete u ocho pistas, lo que pasa es que a usted lo hemos visto en el telediario (un telediario deprimente, por cierto) y de súbito, pese al abotargamiento que nos producen los ansiolíticos, nos hemos dado cuenta de que está dando el espectáculo. Y lo está dando por miedo, por ese miedo que está en todos los bandos.

¿Adónde vamos? En la cárcel de Soto del Real, cercana a la sierra de Madrid, se empezará estas noches a notar algo de fresco. El edificio se encuentra en medio de un descampado por el que corre la brisa, y en el que la abundancia de cemento produce sombras ciclópeas. En agosto, frío en rostro, dice el refrán. De un modo u otro, incluso aunque el calor se prolongue, Bárcenas notará en su cuerpo los síntomas inaugurales del otoño de 2013. Tiene frente a sí el primer otoño de su cautiverio. Quizá, si olfatea las hojas del calendario, y aunque el tiempo, en las prisiones, discurre despacio, presienta ya algo de la atmósfera de la navidad, su primera navidad en chirona.
Bárcenas, un tipo duro. Hemos pensado muchas veces en él durante el mes de agosto. Uno conoce Soto del Real porque hizo un reportaje periodístico sobre esa prisión. Recuerda uno las puertas en esclusa, de aquellas en las que no se abre la segunda si no se ha cerrado, a tus espaldas, la primera, esas puertas que te empujan hacia adelante, siempre hacia adelante, pero que conducen a un culo de saco. Recuerda los muros, inverosímilmente altos, coronados por rollos de alambres de espino llamados, cruelmente, concertinas. Recuerda el tamaño de las celdas. Recuerda las horas de patio, semejantes a un domingo por la tarde infinito. Recuerda las conversaciones porque sí, porque del mismo modo que conviene andar para tonificar los músculos, conviene pronunciar lugares comunes para no enloquecer. Ignoramos si Bárcenas es lector, eso alivia mucho, y la cárcel dispone de una biblioteca que no está mal.
En fin, Bárcenas, te hemos imaginado ahí, no sin piedad, preguntándonos cuál será tu primer movimiento para iniciar la temporada política. Resulta increíble que la prima de riesgo de un país dependa de un señor que se encuentra en la cárcel. Bárcenas no tiene la llave de su celda, pero dispone de la llave del Gobierno. Paradojas de la vida. Nosotros, que desde la libertad notamos también los primeros frescores de septiembre, nos enfrentamos al otoño político con una perplejidad sin límites y con una pregunta inquietante: ¿adónde rayos se dirige este castigado país?

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