Sant Vicenç Ferrer, seis siglos después

Joan Riera

01.09.2013 | 05:30

Hoy se cumplen seis siglos de la llegada a Palma del predicador y futuro santo Vicenç Ferrer. Desembarcó el 1 de septiembre de 1413. Tenía 63 años sobre sus espaldas y una gran fama como orador, curandero y exorcista. Durante su proceso de canonización se documentaron 860 milagros, muchos de los cuales se confunden con la leyenda.
Su estancia en la isla se prolongó hasta el 22 de enero de 1414. Durante el primer mes predicó en todas las iglesias de Palma, pero sobre todo en la de su orden, Santo Domingo. A partir de octubre comenzó una gira por los pueblos de Mallorca que duró hasta el 7 de diciembre. Pronunció «entre dos y cinco sermones, siempre diferentes» en cada localidad, según cuentan Caterina Valriu y Tomàs Vibot en su libro Sant Vicenç Ferrer a Mallorca: història, llegenda i devoció. Los municipios visitados fueron Valldemossa, Sóller, Bunyola, Alaró, Binissalem, Inca, Pollença. Alcúdia, sa Pobla, Muro, Petra, Capdepera, Artà, Manacor, Felanitx, Santanyí, Campos, Porreres i Montuïri. El impacto de la visita del fraile fue de tal calibre que ha quedado grabada en la historia, pero también en las rondalles y en las numerosas leyendas que se cuentan sobre su paso por la isla. Valriu y Vibot documentan una veintena de historias relacionadas con la presencia de Ferrer en Palma. Una de ellas la recoge Antoni Maria Alcover en su Recull de rondalles mallorquines. Curiosamente, también se cuenta en Valencia de forma prácticamente idéntica.
El santo hacía milagros «a raig i roi» y el hoy desaparecido convento de Sant Domingo, en el solar que ocupa el Parlament, estaba repleto de fieles. Harto del desmadre, el prior habló: «Ja n´heu fet massa, de miracles! Fora fer-ne pus sense orde meua!» Sant Vicenç obedeció, pero un día, uno de los obreros que trabajaba en el tejado se cayó y todos gritaron a Fra Vicenç pidiendo un milagro. Apurado, se dirigió al obrero en caída libre: «Atura´t una mica, i aniré a demanar l´orde al pare prior!» El accidentado se detuvo a unos centímetros del suelo y Ferrer solicitó licencia a su superior: «Fra Vicenç, es miracle ja l´heu fet! Ja que hi sou, acabau-lo!»

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