La yenka roja

04.09.2013 | 05:30

Andrés H. de Sá

Al presidente de la Generalitat y del PP por estas tierras, Alberto Fabra, se le ocurrió en su momento trazar una «línea roja» para sus presuntos corruptos: cualquier cargo imputado judicialmente debería abandonar su cargo, bien orgánico, bien público. Sin embargo, aquella línea, lejos de ser recta, se ha mostrado más que flexible en función del sujeto objeto de la acción judicial. El último ejemplo lo acaba de dar el vicepresidente del Consell, José Císcar, quien tras henchirse de afirmar que si a él le imputaran se marcharía „como ejemplo a seguir por otros correligionarios„ ayer vino a decir que Rita Barberá no tendría por qué renunciar aunque sea imputada en el caso Nóos. Y es que la alcaldesa es mucha alcaldesa... A ella solo le mueve de la silla su íntimo amigo Mariano Rajoy, y aún así. Pero lo que viene a demostrarse es que aquella «línea roja» que parecía marcar una apuesta por la limpieza política, es más bien una yenka: izquierda, izquierda, derecha, derecha, delante, detrás, un, dos, tres... Y ya veremos dónde caemos.

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