No, no y nóos

09.09.2013 | 05:30

Martín Pacheco

Si he entendido bien (que puede ser que no, porque estoy un poco manco), a Rita Barberá y a Camps (¿quién? Xé, el que había antes del que ahora no me acuerdo) les pueden imputar por cuatro delitos al haber adjudicado, «verbalmente» y al margen de los procedimientos habituales de contratación, un par de chollos con Nóos y para Nóos, es decir, para ellos. Rita dice que está tranquila porque ella no ha «firmado ningún papel» y no ha votado nada. Uno (yo, por ejemplo) no cuestiona su estado de tranquilidad (si está tranquila, está tranquila: alabado sea el lexatin), pero sí el argumento en el que la apoya (a ella y a la tranquilidad, o sea, a la tranquilidad de ella): es como si alguien me acusara de mirar por el ojo de una cerradura y yo argumentara que estoy tranquila porque soy sorda. En fin, o ¡fíjate tú!: te acusan de darle a la lengua (adjudicar verbalmente) y tú estás tranquila porque no has hecho nada con la mano (firmar papeles). Rita, por favor, ponte un poco nerviosa o estate muda que no te huelo.

(Tengan un poco de paciencia que al final digo algo). Si algún salvaje (¡Jesús!) fuera antropólogo, sería la persona idónea (por antropólogo y por salvaje) para estudiar la vida salvaje. El problema es que un salvaje antropólogo ya no es un salvaje, por antropólogo, y la vida salvaje le resulta tan extraña y alejada como el Bioparc a los vecinos de Pinedo. Por otra parte, y en contra, aunque quizá no, ¡vete a saber!, de lo que acabo de escribir, para analizar no ya la vida salvaje, sino la situación de la mujer o del homosexual (por ejemplo), ni el varón ni el heterosexual son, por ser parte interesada de esa situación, las personas más adecuadas para el análisis de la sociedad patriarcal o de la homofobia. Entonces, ¿quién está en la mejor situación para llevar a cabo el estudio? Respuesta copiada de una filósofa (S. de B.): algunas mujeres o algunos homosexuales: preparados, concienciados y conocedores de primera mano de lo que se cuece y está en juego. Si han llegado aquí, que es el final, voy a decir algo: por idénticas razones, a mí no me parece incoherente que algunos salvajes antropólogos del PP analicen en la escuela de verano de Gandia el tema de la corrupción y de la regeneración política: su situación es inmejorable: son el sujeto y el objeto. Les falta la distancia crítica.

No. No entiendo la bondad de las bombas físicas frente a la maldad de las bombas químicas. La antinomia entre la acción moralmente mala y la inacción moralmente mala tiene una solución: admitir que otro tipo de acciones son posibles. Como decía Haro, ¡qué estafa la guerra!

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