Chile: 40 años después

Amadeu Sanchis

11.09.2013 | 05:30

El 11 de septiembre, como viene ocurriendo dese 2001, los medios de comunicación volverán a recordar el atentado terrorista contra las Torres Gemelas en Nueva York y sus más de 3.000 víctimas. Nuevamente, los tertulianos pontificaran sobre la necesidad de luchar contra el terrorismo islámico y después, en el mejor de los casos, veremos como se dedican algunos minutos al Golpe de Estado en Chile de 1973, omitiendo gran parte de sus causas y la implicación del Gobierno de los EE.UU.

Cuatro años antes, el candidato a la Presidencia de Chile por la Unidad Popular, Salvador Allende, ganaba las elecciones por un estrecho margen frente a los candidatos del Partido Nacional y de la Democracia Cristiana, Alessandri y Radomiro Tómic. Esta desunión de la derecha moderada y radical fue aprovechada por los partidos comunista y socialista para impulsar su coalición de amplia base popular.

Así se inició en Chile un proceso de nacionalizaciones de los sectores estratégicos de la economía y de manera destacada de sus principales recursos minerales y energéticos. La Central Única de Trabajadores fue el pilar fundamental de la Unidad Popular, y muy especialmente de Salvador Allende.

También se produjo una auténtica autoorganización del pueblo chileno a todos los niveles y los trabajadores y técnicos leales a Allende demostraron que la iniciativa privada era innecesaria para hacer funcionar una fábrica o poner en marcha un transporte o comercio.

Una vez la CIA, la DC y el Partido Nacional comprobaron que la capacidad de resistencia de la izquierda era mayor de la que pensaban, pero sobretodo al constatar que la identificación del pueblo con la UP y, muy especialmente, con Allende iba en aumento, decidieron impulsar una campaña de atentados terroristas, paros patronales, acaparamiento de alimentos, algaradas callejeras, así como el acoso y derribo de los militares leales al Gobierno.

El 27 de julio de 1973 fueron asesinados por parte de militantes del partido fascista Patria y Libertad el Comandante Araya Peeters y el propio comandante en Jefe, Carlos Prats. A primeras horas del 11 de septiembre de 1973 un sector de la marinería se alzaba en armas contra el Gobierno, al que le seguirían el resto de cuerpos del ejército chileno, así como el cuerpo de Carabineros, después de la eliminación física de los mandos y soldados constitucionalistas.

Lo que siguió después es de sobra conocido. Asesinatos en masa, desapariciones, torturas, exilio y 17 años de una de las más crueles dictaduras fascistas de la historia. La represión, el crimen y el subsiguiente sistema político y económico creado, tuvieron como hacedores a dos premios Nobel, para vergüenza de esta institución, Henry Kissinger y Milton Friedman, siendo el primero el organizador del Golpe de Estado y el segundo el ideólogo económico de la Dictadura. Chile se iba a convertir en la cruel avanzadilla de la aplicación más extrema de los preceptos capitalistas, lo cual solo podía hacerse a través de una sumisión total de las capas populares, aunque esta se consiguiera con la represión y el crimen.

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