Centro del lodo

12.09.2013 | 01:23

Emili Piera

Un sistema parlamentario se apoya, sobre todo, en los partidos que representan la centralidad democrática que, en España (no se rían) son el PP y el PSOE. El problema es que estos dos partidos ya no representan el juego en el área central, sino un gatuperio sumergido de manos que cambian a toda velocidad el lugar de los cubiletes. Sólo desde las cuñas „las centrales y las extremas„ es posible arrancar del lodo las dos grandes losas para que vuelvan a ejercer como basamento pues ahora palpitan (poco) bajo el fango y en el fangal no hay referencias, ni límites, ni espacios transitables.
Los indignados ponían al mismo nivel a los dos partidos a causa de una certeza biográfica: para ellos no hay diferencia pues provocan el mismo aborto del futuro. Sin embargo y para gente como yo, por ejemplo, la equiparación es insultante: los socialistas aún pueden presentar una larga lista de cargos públicos dimitidos por acciones u omisiones moralmente dudosas. Tampoco el PSOE padece, en grado equiparable, la inclinación del PP a sujetar con una férula los medios de comunicación y entrometerse en los asuntos económicos (curioso elogio dedicado a un partido que se llama socialista, pero es, claro, un elogio oblicuo). Finalmente, no pretende, el PSOE, modelar las conductas privadas (sólo de los pobres) según las directrices clericales.
Pero PSOE y PP perciben una coincidencia crucial: el PP espera no tener que bregar con ninguna otra izquierda que no sea el PSOE (le han cogido la medida) y el PSOE confía y espera que toda izquierda se subsuma y resuma en sus siglas. Para semejante tarea, practican el apoyo mutuo (Kropotkin). Es en lo único que se les nota la centralidad: en el reparto de cromos (y no les importa tenerlos repetidos). Y eso es lo que tenemos que romper o la pesadilla de los continuos saqueos y desvergüenzas volverá a repetirse antes de lo que imaginamos y tendremos la política que nos merecemos. Por lo demás soy partidario de doscientos años de gobiernos de izquierda con breves paréntesis conservadores cada cuarto de siglo para limpiar fondos.

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