No somos el mejor ejemplo

19.09.2013 | 05:30

Pedro de Silva

Tras cada irrupción de asesinos solitarios nos preguntamos de dónde viene la violencia que vive en los fondos de la sociedad americana. ¿Una inercia de su mito originario, del salvajismo de la llamada Conquista del Oeste, muy presente, bajo una forma u otra, en su épica vigente, y que aflora en su cine o su novela bajo una ética subliminal de lo violento? Podría ser, y aquí ya se ha insinuado, pero no nos sintamos superiores, ni libres de esa pasión fatal por el crimen, pues toda la sangre de esa especie de guerra civil larvada, con mil focos y mil causas enfrentadas, y un estallido a cada tanto, es poca cosa al lado de la sangre vertida entre europeos en sus dos grandes guerras (civiles, en el fondo) del pasado siglo. Serían dos tipos de violencia interior en Occidente, una mediante un goteo persistente, que no cesa, y la otra mediante grandes avenidas, con largas sequías en paz por el medio.

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