Angustias de madre

Emili Piera

01.11.2013 | 05:30

En Arganda, a los alumnos de un colegio público que se caía a pedazos, aunque a pedazos lo bastante grandes para aplastar a una criatura, los han metido en el colegio concertado de mi chico. Hombre, no había más sitios? la dirección de nuestro centro (concertado) trata de tranquilizarnos: los niños de las dos clases „nunca mejor dicho„ no andarán juntos ni revueltos, no compartirán horarios ni patio de recreo y a los invitados se les traerá y llevará en autobús, espero que antes del amanecer y después del ocaso. Menos mal: por la caridad, entra la peste y esos niños de la pública no sólo pueden traer las paperas, la escarlatina y las expresiones soeces, sino que, acostumbrados como están a la mezcla de sexos, igual se la enseñan unos a otras y viceversa.
Además, y como prueba del poco respeto que tienen por las personas de bien, han ido a llamar a la puerta del colegio Virgen de la Soledad, que no se llamaría así, digo yo, si lo que buscase es jarana y mogollón, mientras que los huéspedes a la fuerza son del San Juan Bautista, que será todo lo santo que ustedes quieran, pero andaba vestido con andrajos y pellejos y se alimentaba de saltamontes, una forma de cocina minimalista cuya gracia sólo debe de pillar este papa argentino. Y hablando de cocina, que hagan como en una escuela de la Ribera (del Júcar) donde los alumnos llevan de casa verduras y legumbres para preparar el arroz con habichuelas, que el futuro es muy oscuro, ay, aunque no trabajen en la minería leonesa del carbón.
En fin, zarrapastrosos. Y lo peor no son las malas influencias morales, sino el afán imitativo de las criaturas. Imaginen que mi niño „que estudia violín„ se mezcla con uno de los del poncho y le aficiona a la flauta andina. Un desastre, y cabezón como es el pobrecito, iba a parecer un quechua, y eso sí que no. La dirección nos ha rebajado la cuota, que dicen que, encima, no es legal. Más que nos tendrían que dar, que me paso el día restregando la ropa y echándole quilos de detergente, que esos niños que van en autobús y comen cocido y sardinas, no huelen bien.



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