Cambio de paradigma

04.11.2013 | 05:30

Pedro López

En el ámbito de las ciencias empíricas sucede que, cada cierto tiempo, cambia el paradigma, entendido este como modelo aceptado y base para avanzar en el conocimiento. Se da con más frecuencia en aquellas ciencias más oscuras en las que los elementos a estudiar son más dispersos, fragmentarios y antiguos, como ocurre con la paleoantropología que, cada 10 ó 20 años, ha cambiado de paradigma.
Para no remontarme en exceso, por los años 70, los descubrimientos de Leakey en Tanzania dieron lugar a la clasificación, dentro del género homo, a la especie homo habilis: el primer especimen del hombre primitivo, entendiendo como tal a los individuos que se sostenían sobre dos piernas (bipedismo), procedentes de grupos más antiguos (australopitecos), y que fue sustituido por el homo erectus. Más tarde, en la década de los 80 y 90, otros hallazgos dieron lugar a la aparición del homo ergaster, homo rudolfensis? progenitores del homo sapiens (nosotros). La otra línea evolutiva fue propuesta a raíz de las excavaciones de Atapuerca: homo antecessor, que daría lugar al homo heidelbergensis, antepasado del hombre de Neanthertal, extinguido hace 25.000 años.
Como se puede comprobar, en 30 años, se ha cambiado varias veces de paradigma, si entendemos como tal el árbol genealógico del que procedería el homo sapiens (nosotros), de una u otra de las especies del género homo que fueron sucesivamente solapándose y mutuamente extinguiéndose con el transcurrir del tiempo.
Si el lector ha tenido paciencia para llegar hasta aquí, lo que sigue es simplemente el posible cambio de paradigma que hace unos días publicaba la revista Science. Un cráneo humano datado en 1,8 millones de años, y magníficamente conservado, ha sido hallado en Dmanisi, Georgia. Los autores del descubrimiento apuntan la tesis de que pertenece al mismo nivel evolutivo que los primeros homos africanos. Y concluyen con la hipótesis de que las distintas especies del género homo en realidad sean una única especie que salió de África: una línea evolutiva del que procedemos nosotros y las formas extintas citadas anteriormente. Es más, las hasta ahora conocidas como especies no serían más que variedades morfológicas (razas), como hoy se puede comprobar entre las distintas poblaciones de chimpancés o de humanos. Y si tal tesis se viera confirmada (cosa discutible y discutida), los libros actuales de paleoantropología deberían pasar al museo de la historia de la ciencia. No conviene otorgar a la ciencia más autoridad que aquella que en cada momento posea, sabiendo que los paradigmas, aunque sirvan, son siempre provisionales.



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