La profunda huella de Pinillos

06.11.2013 | 03:06

M. Vicenta Mestre

José Luis Pinillos era, sin lugar a dudas, uno de los contados hombres que todas las psicólogas y psicólogos españoles de nuestras generaciones reconocen como maestro. Nació en Bilbao en 1919, pertenecía por tanto a la generación de 1916, cuyos miembros se vieron envueltos en la guerra en sus años de estudiante.
Su figura está ligada al proceso de renacimiento y restablecimiento de la psicología en España, tras la guerra civil española. La tradición psicológica, principalmente la psicotecnia que se había desarrollado durante el primer tercio del siglo XX se rompió con el conflicto. Casi todos los pioneros de aquella tradición terminaron por exiliarse por afinidad ideológica con la República desaparecida. La restauración científica y profesional puedo iniciarse gracias al esfuerzo de José Germain, una figura liberal, políticamente marginada por hallarse vinculada a la tradición republicana de José Ortega y Gasset, Gonzalo R. Lafora y Emilio Mira, pero con un gran respaldo internacional. Germain consiguió reunir algunas de las nuevas personalidades juveniles interesadas por la psicología científica. Una de estas figuras fue la de Pinillos.
A partir de aquí desarrolló una brillante carrera como psicólogo y profesor universitario. Primero fue profesor de psicología experimental en la inicial Escuela de Psicología de la Universidad de Madrid, en donde comenzó a formarse a los primeros profesionales de la psicología como diplomados especialistas. Más tarde fue catedrático de psicología en la Universitat de València (1961-1966), y luego, hasta su jubilación, en la Universidad Complutense de Madrid. Todo ello acompañado de multitud de colaboraciones y actividades en organismos nacionales e internacionales, más de un centenar de tesis doctorales dirigidas y un gran número de premios a su labor. En toda su trayectoria se caracterizó por un interés constante en promover y consolidar la psicología como ciencia, sin perder de vista las inquietudes esenciales de la persona, de que siempre se han ocupado la filosofía y las humanidades.
Desde su cátedra en la Universitat de València publicó la Introducción a la psicología contemporánea (Pinillos, 1962). Y logró dar una visión general de la psicología en Principios de Psicología (1976), que ha sido manual de generaciones de psicólogos. Como ha escrito Carpintero, «en varias ocasiones le hemos podido oír decir que para él un maestro era la persona que alertaba al discípulo sobre qué libros no leer, ahorrándole así tiempo para emplearlo en los problemas y cuestiones verdaderos. Pues bien, toda su obra, en este sentido, representa una labor magistral en provecho de la psicología en nuestro país» (Carpintero, 1986).
Tuvo numerosos reconocimientos, como el premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales, de 1986. Y fue miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, y de la Real Academia Española. En el mundo de la psicología, numerosas facultades promovieron su nombramiento como doctor honoris causa, entre ellas la Universitat de València. Todos estos reconocimientos son la prueba de su magisterio y de la deuda que la psicología ha contraído con su persona y su obra.



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