Tele clòtxina

07.11.2013 | 02:31

Emili Piera

De Canal 9 se puede decir todo excepto que no fuera un hijo deseado. Joan Lerma quería tenerla por lo mismo que las parejas hacen niños: por tenerlos, lo que en política casi siempre significa «para que otro no la tenga». La tele. Ese parece el sentimiento inspirador de la clausura anunciada de RTVV: si los tribunales no dan por buenos mis planes de encogimiento del ente público, lo de menos es que me señalen por falta de criterios o por lesión de derechos: si el niño no cabe en la sillita, lo tiro al barranco. Los planes de la Generalitat, según Fabra, pasan ahora por comprar los servicios audiovisuales de una empresa, con buena entrada así en Aragón como en La Mancha, y mantener la ficción de una tele propia cuya valencianidad será tan vacilante como el virgo de Mata Hari. Tan dudosa como los empleos que creará.
De pocas empresas públicas podrá decirse, con tantas razones, aquello de entre todos la mataron y ella sola se murió. Ya nació de una forma muy rara con listas de palabras prohibidas y el veto a los pioneros en la lengua propia, así en el canto como en la literatura. Pequeñas infamias agrandadas con la tenaz confusión de la tele pública valenciana con un gabinete de propaganda y una oficina de empleo, no son conceptos incompatibles: pueden ser complementarios y agrandar el número de familias agraciadas. Siempre hubo denuncias y acciones contra semejante estado de cosas, pero nunca alcanzaron la musculación mínima para inquietar al régimen. Cada cual anote su peculiar vileza.
Nos queda por saber qué coste político tendrá para Fabra y su partido el derribo de la tele pública, su saqueo y liquidación. Las teles, incluso cuando más privadas parecen, responden a un proyecto político y Hollywood es tan parte del Estado como el Pentágono. Nuestra derecha igual piensa que Canal 9 es un invento catalanista: ella tiene a Madrid como referencia política. Y en todo caso, y como dijo aquel, hay quien se siente muy a gusto siendo un invertebrado: una clòtxina, pongo por caso. Es decir que se la comieron y ahora tiran las cáscaras.



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