Motín a bordo

08.11.2013 | 02:17

Francisco Esquivel

Me levanto disparado a poner Canal 9. Quién me lo iba a decir. Junto al café y a la tostada, el periódico que no falte. Hasta ahí podríamos llegar. Enfrente, el espectáculo. ¿Y si todo esto responde a una maniobra sibilina de Fabra para remontar audiencia, mejorar las condiciones de la empresa y, a la vuelta de la esquina, sacarle unos cuartos imprevistos a la venta? ¿No resultará que detrás de esa apariencia de no haber roto un plato lo que se esconde en la cúpula del Consell es todo un maquinador? Algunos de ustedes dirán: éste ve mucho Homeland. Algo de eso hay. Para buena parte de los seguidores era inimaginable que la declaración en el Congreso del redactor jefe de la cía, Saul, dejando a los pies de los caballos a la protagonista de la serie Carrie, para que luego fuera enviada al psiquiátrico, respondiese a una estratagema del veterano espía con tal de que los enemigos se confiaran, tragasen con que ya era una apestada y acercar así a su discípula predilecta a los verdaderos objetivos. No sé, no veo yo a Alberto en escena con el temple de Saul. Pero quién sabe. De momento, a lo que asistimos desde que empezó la zapatiesta, parecía impensable que sucediera. Los presentadores se pasan la alcachofa y cada uno, incluído el del L´oratge, suelta su perorata contra el poder presuntamente constituido. Es la leche. Lustros de contrastadas tragaderas, contribuyendo a ocultar a los telespectadores el descoque continuado que nos ha conducido a este erial y, solo cuando el callo pisado es el propio, se ponen estupendos y enarbolan la bandera de la llibertat d´expressió. Ole con ole. Que es lo que debe estar diciendo el entorno de Rajoy acerca del modo en que están desarrollándose los acontecimientos. Tenía que ser aquí donde volviera a producirse lo nunca visto. Y aunque lo del desgobierno se da por descontado, el colmo es que además te lo televisen.



Enlaces recomendados: Premios Cine