Los ´sabios´ de las dos ideas

Jesús Civera

14.11.2013 | 05:30

El vicepresidente Císcar se vió obligado ayer a romper el sueño. No vamos a devolver competencias al Estado, dijo. Desde que el comité de sabios, escogidos de entre los Premios Jaime I de Grisolía, señaló nuestros problemas y también nuestros remedios, se diría que habitamos en una utopía neoliberal con el Arriba España flameando sobre los torreones valencianos. Yo no sé a quién se le ocurrió la idea de elegir al provecto comité para guiarnos hacia el futuro. Pero gracias a ellos, y supongo que a su pesar, el presidente Fabra ha mutado en una especie nueva: en lugar de emparentar con FAES, casi lo hace con el republicanismo más salvaje de las salvajes llanuras del oeste americano.
Durante muchos años uno ha contemplado, en los alrededores del Palau, un bestiario infinito: pilotos de esta autonomía eminentemente antiautonomistas, figuras idealizadas que vagaban por tierras medievales, cortes de pícaros y de exleninistas, voraces depredadores de los negocios y enormes falanges de posibilistas. Nunca, sin embargo, había sucedido un hecho –o un no hecho– tan trascendental como éste: que don Ramón Tamames y el señor Lamo de Espinosa, don Pedro Schwartz y el señor Barea, juntos y llegados a esta tierra desde todos los puntos cardinales de España, establecieran el programa colectivo del pueblo valenciano. Más aún: que la densidad de sus propuestas no sólo muriera en esta tierra, sino que tuviera voluntad de ser universal. Universal de España. Valencia como puerta para surcar otras vanidades, a ser posible en la Moncloa.
Cabe la posibilidad de que la escena gótica de las maduras «celebrities» de la economía nacional vagando por el Palau bajo el cuadro de Sariñena sea producto de una fecunda alucinación. Tal vez Fabra se haya inventado la fantasmagoría para desviarnos del rollo de la tele. ¿A qué santo ocuparnos de la tele si hay unos sabios que han cogido el AVE para leernos una página del liberalote Hayek y esparcir algunas bolitas de alcanfor sobre la unidad de España? Los sabios exigieron una rápida y nueva financiación, y aquí la ilusión nos conduce a otro laberinto: no sabemos dónde acaban los sabios y empieza Fabra, o al revés. Si Fabra saluda los postulados de los sabios o si es que los sabios van a la suya. En realidad, tampoco es que importe mucho. Como decía Amadeu Fabregat, aquí mismo y en homenaje a Proust, los hechos son irrelevantes y mutables, sólo el tiempo permanece. Al igual que el longevo comité.



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