¿Réquiem por la pilota valenciana?

Víctor Agulló

15.11.2013 | 05:30

La decisión de cerrar RTVV supone un nuevo e inexplicable ataque a las señas de identidad del pueblo valenciano. En el caso de la pilota valenciana trae de nuevo a la actualidad las palabras que pronunciaba el ilustre humanista Josep Lluís Bausset en 2002, cuando afirmaba que «a la pilota li queden dues generacions». Los datos no pueden ser más demoledores y le dan en gran medida la razón.
Coincidiendo con la incomprensible decisión de la Generalitat Valenciana de sacar a la pilota valenciana del área de Cultura y Deportes para ubicarla en Gobernación que se vio además acompañada de una drástica reducción presupuestaria, desde 2011 asistimos a una caída en picado del número de federados, patrocinadores, escuelas, mientras numerosos clubes languidecen de su actividad empleándose en muchas instalaciones que datan de finales del siglo XIX y principios del siglo XX y que se encuentran hoy muy deterioradas y nada adaptadas a las exigencias que requiere cualquier deporte del siglo XXI. A ello se añade que la mayor parte de las grandes ciudades valencianas València, Alacant, Elx, la lista es interminable no cuentan con ningún trinquet público, que las mujeres representan menos del 4% de las practicantes, que su práctica por parte de escolares de origen inmigrante es prácticamente testimonial, que los vínculos con un ámbito hermano de referencia como es la pelota vasca están vetados por motivos de índole política mientras la Ciutat de la Pilota, después de costar 12 millones de euros, únicamente alberga dos partidas al año.
Por su parte el mundo profesional conoce una crisis sin precedentes. Diversos trinqueters han abandonado su actividad, la asistencia media a los trinquets no cesa de disminuir mientras no se produce el necesario recambio generacional: la nómina actual de profesionales (40) está lejos de los 125 pilotaris profesionales que había en 1990. Solo el mundo del raspall, radicado en las comarcas centrales valencianas, y acostumbrado a funcionar de manera autosuficiente y autónoma, sobrevive en la actualidad con pujanza y dignidad.
Pues por si faltaba algo, se acaba con la visibilidad y el arraigo social que sostenía y proyectaba la televisión. Por ello, es de justicia reconocer y poner en valor la labor que ha desempeñado Canal 9 y sus profesionales a lo largo de sus 24 años de vida en aras de dignificar el joc de pilota. Ahí están los Paco Nadal, Alberto Soldado, Vicent Tavallo, Toni Marí, Josep Lluís Fitó, Xavier Alberola o Maria José Berbegall, entre muchos otros. Los excelentes datos de audiencias refrendan nuestra afirmación.
Pero a partir de ahora: ¿Qué jóvenes soñarán un día con convertirse en profesionales viendo las partidas de Genovés o Waldo? ¿Qué aficionados vibrarán con sus pilotaris? ¿Quién conocerá la riqueza plástica y motriz de modalidades como la galotxa, escala i corda, raspall, llargues o frontó? ¿Y cómo no añorar el interesantísimo programa Trinquet, incomprensiblemente suprimido de la parilla? ¿La memorable partida que enfrentó a Genovés y Álvaro en 1995 en Sagunt, hubiera sido la misma sin las cámaras de Canal 9?
Hay que exigir de manera contundente que se garantice la debida custodia, protección y conservación del conjunto del valiosísimo e irreemplazable patrimonio audiovisual generado ahora en peligro de destrucción o desaparición. Y sobre todo esperar que, más pronto que tarde, la razón vuelva a imperar entres los gobernantes de la Generalitat. Va de bo.



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