Corran

16.11.2013 | 01:09

Vicente Pérez

Mañana más de 10.000 participantes corren en Valencia el Maratón Divina Pastora. El maratón es una carrera extenuante, una distancia mítica que miles de corredores populares dedican su tiempo de ocio a preparar a conciencia. En el imaginario de cada uno podría ser una prueba de ficción mitológica aderezada de experiencias personales. Siempre que acudo a un evento de este tipo observo las caras de los corredores y trato de adivinar qué les mueve a realizar semejante esfuerzo. Me pregunto si es una conquista o una huida. Creo que los cuarenta y dos kilómetros ciento noventa y cinco metros son sólo una excusa para sentir latidos de vida. Y no es poco, porque esto ocurre en una sociedad paralizada, con una juventud en el dique seco, una clase media desahuciada y unos mayores obligados a vivir de saldo. Una sociedad que llega tarde a todas partes „bien que lo saben en Filipinas„, que saca de las cárceles a violadores y etarras, que tritura a las mujeres muertas por sus maltratadores y que rescata de la quiebra a los timadores, ya sean banqueros o miembros de la realeza. Díganme si no es para correr.

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