Cuatro cosas

18.11.2013 | 00:51

Martín Pacheco

Si sabio es el que posee sabiduría, y la sabiduría debe ser „¡yo qué sé si soy ceporro!„ algo así como una mezcla armoniosa de información, conocimiento y uso de la razón práctica asociado al bien; el bien, a su vez, es, por extensión e intensión, el bien común, un universal, no el de unos pocos idiotas particulares. (Otra cosa es que, después de Marx, y en la realidad de las sociedades realmente existentes, hablar de un bien común sea una ingenuidad ideológica interesada que roza la estulticia: música celestial de un futuro estreñido que no se presenta: ¡hagan fuerza, señoras y señores!). Digo esto por ese oráculo que un comité de sabios emporrados de neoliberalismo le ha prescrito al enfermo valenciano, en manos del hipocondríaco Fabra (que a lo tonto, a lo tonto, ha encontrado una ruta y un punto en el mapa: parece una isla, pero es una cagada de mosca). Esos señores (Tamames et alteri) se aproximan a un sabio tanto como un gusano a la trompa de un elefante: en realidad, no llegan ni a expertos en su materia, puesto que recetan la vacuna en pleno sarpullido de la enfermedad, y entre la amplia panoplia de los remedios de la medicina económica y social sólo practican la cirugía ultraliberal: amputar derechos, recortar competencias, jibarizar prestaciones, aumentar tasas, disminuir salarios y efectivos humanos... No un comité de sabios, sino un comité de yo no soy tonto.

«Seño, Montoro ha dicho "País Valenciano"». No os preocupéis „dijo la seño. Llamamos a Maluenda y él nos lo arregla. Viene Maluenda. ¡Toc, toc!. «¿Sí?». «Soy Maluenda y que me siento avergonyit pel desconeiximent de Montoro». ¡Tú sí que sabes, Maluenda!

«Seño, Serafín nos quiere acortar el himno». „Pues yo lo alargaría, fíjate tú, para que se me pusiera más rato la gallina de pelos. Después de «baix les arcades de les palmeres» pondría «creixen llorers enverdits/ pels racons de dins del bosc/ es llepem la mel dels dits/ els xiquets quan es fa fosc». O, y, después de «tots a una veu, germans, vingau», repetiría «vingau, vingau». En fin, Serafín: si cortas que sea por lo sano. En lo que tiene de himno, lo es reactivamente de España, y en todo lo demás qué más dará un tapis de murta i de roses fines» que «una estoreta de palla i un bacallar sense espines». O nada. O s´ofega.

A los críticos (durante 19 años, el PP ha manipulado RTVV), le han sobrevenido los justos equidistantes (Nuria Roca, Pere Major...: durante 5 años, el PSPV de Lerma y Amadeu Fabregat también manipuló) ¿Por qué se sienten obligados a recordar lo que nadie olvidó? ¿En qué mejora el presente?



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