A tocateja

22.11.2013 | 01:16

Francisco Esquivel

A diferencia de su peón de confianza en inversiones inmobiliarias Daniel Gil, que no tardó en transferir 400.000 euracos para dormir lo mínimo en Soto del Real, el ex director general de la Cam, Roberto López, aguardó al sexto día para salir con la barba de rigor de la prisión de Navalcarnero después de que sus familiares se encargaran de hacer la transferencia de la fianza impuesta por el juez de un millón y medio, que se dice pronto. En cash estamos hablando de 250 millones de pelas por recordar aquellos tiempos en que alguna había. Pero tampoco tantas como para que un empleado de banca „por muy director general que sea„ pueda tirar de chequera al estilo Gary Cooper. La disponibilidad de una cantidad así ¿implica que no se ha cubierto íntegramente la fianza solidaria de 27 millones o sí? Pese a contar con un millón y medio a su alcance, tamaño depósito fue el último recurso empleado. Parece claro que por algo antes se atrevió a pedir avales bancarios, aún a sabiendas de que no resultaría fácil que alguien con la persiana subida estuviera dispuesto a retratarse en un asunto de este cariz.
Los imputados „como mínimo„ en toda esta peripecia vergonzante habrán amasado la intemerata pero, en cuanto a credibilidad, deberían tener claro que la han dilapidado para los restos. López Abad igual fue capaz de descansar al séptimo día pero hay gente que, a consecuencia de ignominias como las investigadas, tiene complicado volver a conciliar el sueño. Y aunque no revelo secreto alguno con los interrogantes planteados porque bueno es Bermúdez, la estrategia del ex mandamás de la extinta caja sí que deja al descubierto que queda un trecho morrocotudo que recorrer para llegar a la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. También podría suceder que este último episodio responda a que, para sí, Roberto López ha sido un fiera en lo que al ahorro se refiere. Sería el colmo.



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