Yolanda

22.11.2013 | 01:16

Enrique Moltó

El delegado de Filipinas en la cumbre del clima hizo llorar al mundo, según rezan las crónicas, por pedir desesperadamente que se hiciera algo para parar el cambio climático que había «provocado» el tifón en su país. Por cierto, en Filipinas los ciclones son más conocidos como baguíos. En ese sector del mundo la media histórica de tempestades y ciclones tropicales es de 25,7 anuales, de los que 16 llegan a ser considerados propiamente como ciclones. Para hacernos una idea, el segundo sector más propenso, aunque el más popular en los medios, el del Caribe-Golfo de México, apenas llega a 9 de media. Veinticuatro horas antes de que el ciclón tocara tierra en Filipinas con fuerza cinco, estaba muy claro que tenía un enorme potencial destructor. Esas horas eran suficientes en un país desarrollado para ordenar evacuaciones y para tener preparados refugios que hubieran evitado la pérdida de un número importante de vidas, aunque no los daños materiales. Filipinas no es un país desarrollado, aunque vayan mejorando sus indicadores, pero, ¿se podría haber hecho algo más? Antes de que Yolanda fuese primera plana, en el blog de José Luis Escudero (http://blogs.diariosur.es/tormentas-y-rayos/) se advertía «Haiyan tocó tierra  hace unas horas en la ciudad de Guiuan, a unos 550 kilómetros más o menos de Manila. El supertifón Haiyan arrasa Filipinas de este a oeste, con vientos sostenidos de casi 314 km/h y rachas de 370. Las olas en la costa han tenido que ser bestiales y, acompañadas por la marea ciclónica, el mar ha tenido que entrar varios kilómetros tierra adentro. A todo esto le acompañan fortísimas precipitaciones, que pueden superar los 800 litros en algunos puntos». El día anterior este blog había recibido un correo de un español residente en Filipinas en el que se decía que esperaba que lo que se anunciaba no fuera verdad porque las autoridades, las mismas que emocionaban a la ONU, «no han evacuado absolutamente a nadie, y hay una cantidad de gente que vive a pie de costa en chabolas y casas hechas de madera, que si esto se produce no quiero pensar lo que puede pasar». A la vista de los datos busquen ustedes el verdadero culpable: el cambio climático o el desarrollo socioeconómico desigual que provoca una alta vulnerabilidad en una zona con mucha población expuesta.



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