Auroras

26.11.2013 | 05:30

Enrique Montón

El verano alargó su estancia, pero finalmente y sin esperar al otoño ha llegado el invierno con antelación. El juego de anticiclones y borrascas ha abierto las puertas de las masas de aire continentales que han invadido el Mediterráneo donde las previsiones anuncian que llegará la nieve esta semana entrante. Llegó el invierno y con él uno de los espectáculos más impresionantes de la naturaleza, las auroras, boreales ó australes según el hemisferio. Entre noviembre y marzo, principalmente, el Gran Norte, en especial las áreas a 20-25 º de latitud desde el Polo, recibe los «revontulet», los «fuegos del zorro». Las auroras son el efecto del choque del viento solar con los gases de la atmósfera terrestre. Su intensidad viene determinada por el Sol, por el periodo de 27 días de rotación y por los ciclos de once años en su actividad. Este viento solar se compone de iones, partículas con carga eléctrica y que viajan a velocidades entre 350 y 800 kilómetros por segundo. Tras 40 horas de viaje llegan a la atmósfera terrestre y quedan atrapadas al entrar en contacto con el campo magnético. Siguiéndolo llegan a la ionosfera, una región de gran densidad de electrones entre los 100 y los 300 kilómetros de altura. Allí los iones del viento solar interactúan con los gases atmosféricos y según el gas excitado y la altura surge un color. Con el oxígeno, colores verde amarillento y rojo; con el nitrógeno, color azul y violeta. Alaska, Islandia, Escandinavia, Groenlandia han desarrollado todo un complejo de observación de este gran espectáculo natural y conseguir un turismo para ese periodo de continua noche invernal. Si tienen la suerte de llegar allí, busquen un alojamiento en iglús como en Saariselka ó abríguense: aquí el truco sigue siendo el de la cebolla, capas y mas capas.



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