No

Rafael Rivera

29.11.2013 | 05:30

No sé muy bien cómo explicarlo, pero estamos viviendo una época del no. Hay tanto desatino que antes de ofrecer «alternativas constructivas», como le gusta pedir al poder, necesitamos aclarar lo que no queremos de ninguna manera. Tiempos del no.
Porque vivimos en una no-ciudad que nos impide convivir, que invierte para desinvertir y hace para deshacer. Parece pensada para otra cosa, para no-vivir. Pueden llamarlo negocio, grandilocuencia, eventos, excesos, luces de neón, como ustedes quieran, pero se puede resumir en un modelo de no-ciudad.
Y tenemos un no-ayuntamiento que piensa en otra cosa, enrocado en no-ideas, como el empecinamiento contra el Cabanyal y otras perlas parecidas. El resultado, un revoltijo de cosas que se alejan de lo que entendemos por ciudad.
Y si abrimos los ojos, nos encontramos en cada esquina con no-libertades, con no-dedicación a la ciudadanía, con no-progreso y pasos atrás que nos llevan hacia la no-felicidad colectiva.
Y es que también tenemos un no-parlamento, un no-gobierno que promueve unas no-leyes que nos machacan a cada momento para poner a salvo unos intereses no-nuestros, solo suyos.
Nosotros, los humildes ciudadanos de a pie (cada vez más no-ciudadanos) no ofrecemos alternativas, nos dicen que no somos constructivos. Ni tenemos por qué serlo, señorías (o no-señorías, mejor dicho), solo falta que hagamos también su trabajo. Sabemos lo que no-queremos, y eso deberían ustedes tenerlo claro, porque lo hemos gritado muchas veces a sus no-oídos.
¿Saben?, echo de menos que, cuando se celebra algún no-pleno parlamentario y se aprueba un nuevo no-decreto vergonzoso, la no-oposición se levante, se vaya, y deje sola de una vez a la no-mayoría, escenificando la rebeldía, y ejerciendo el poder de no-participar en esto que se parece a una no-democracia.
Ahora ya solo se me ocurre una pancarta, esa que dice muy alto, «No».



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