¿Depende de sicópatas el estado del bienestar?

20.12.2013 | 02:27

Abunda en las altas esferas un estereotipo de individuos que aunque simulen tener conciencia social sólo actúan por sus ansias de acumular dinero y poder. La siquiatría los llama sicópatas aunque la inmensa mayoría nunca mata (al menos directamente) como sucede con los asesinos en serie de la ficción.
Se caracterizan por ser mentirosos y narcisistas, manipuladores con gran encanto en apariencia aunque por dentro sean gélidos y ajenos a los afectos que fingen. Adictos al poder y al dinero, son impacientes, buscan recompensas inmediatas a sus anhelos, se creen inmunes a las consecuencias de sus tropelías, rechazan normas y leyes, delinquen con facilidad sin mostrar vergüenza o arrepentimiento, carecen de emociones (que no obstante fingen), muestran una nula ansiedad ante el peligro (circunstancia que les impele a actuar con premeditación y una falsa valentía que no es mas que  irresponsabilidad debida a su incapacidad para sentir temor) y eluden con frecuencia a la justicia falseando creíblemente la realidad y negando lo que se les imputa.
Como la psicopatía es cuatro veces más frecuente en los estamentos sociales que ostentan el poder, hay quienes deducen que el capitalismo se habría convertido en una fuente de sicopatía social al premiar ciertas características de la personalidad psicopática. No obstante, la realidad pone en evidencia que también el comunismo y otros totalitarismos dan cobijo a líderes, altos cargos y funcionarios con rasgos similares a los descritos y cuya única meta es su enriquecimiento personal.
Aunque hay muchos tipos de sicópatas, nos bastará sólo con dos para la reflexión que este artículo pretende promover: a) los políticos con rasgos psicopáticos, son unos presuntos servidores públicos que sólo trabajan para sí mismos (a pesar de fingir un interés social) y que se aferran patológicamente al poder, les cuesta delegar y son reacios a dimitir si se les descubre en una ilegalidad; b) los sicópatas de cuello blanco, son individuos no muy distintos a los anteriores (con quienes suelen relacionarse) que desde bancos, empresas, iglesias y organizaciones sin ánimo de lucro, amasan inmensas fortunas sin importarles perjudicar a pequeños ahorradores y hasta organismos oficiales corrompiendo a funcionarios proclives al cohecho con tentadoras ofertas.
Nuestro país sufre los desmanes de políticos de distintas ideologías, empresarios, banqueros, representantes sindicales y miembros de una familia aparentemente intocable, y la culpa de ello, además de la imputable a los presuntos sicópatas, la tiene la resignada apatía de la ciudadanía y los políticos que les protegen al considerarlos ciudadanos ejemplares y un modelo a seguir. Es deber de todos no elegir en las urnas a quienes exhiban comportamientos psicopáticos como los descritos, ni tolerar su presencia en las instituciones públicas y/o privadas, tarea harto difícil habida cuenta de que es muy difícil conseguir que los especímenes de esta calaña abandonen el poder una vez acceden al él.



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