Intolerable

Xavier Latorre

17.03.2014 | 01:19

La desesperada situación económica ha subido el tono de la intransigencia. Ahora la música de la intolerancia resuena más a menudo y en más escenarios de la cuenta. También las redes sociales se han sumado a ese coro irascible que actúa en plazas y mercados. La vorágine de frases inapropiadas y valoraciones desmesuradas cotiza al alza. El presidente del comité de RTVV, que padece en sus carnes el desorbitado genocidio mediático de su empresa, decía el otro día, y con más razón que un santo, que para no enquistarnos en argumentos viscerales exclusivos de un solo bando deberíamos leer, escuchar y ver un poco de todo. El periodista hizo un llamamiento a curarnos de la plaga de fanatismo que nos invade.
No se puede permitir que diez años después del 11M llamen a Pilar Manjón alegrándose de la muerte de su hijo porque lo mató un terrorista equivocado, según el anónimo y cobarde interlocutor. Algunos asumen como normal que guardias civiles apostados en la playa impidan de forma desmedida que lleguen a tierra nadando un grupo de desesperados apátridas económicos. Hay quienes le ríen la gracia a Putin por su apasionada cruzada contra la homosexualidad o por inventarse soldados sin enseña: toda una tropa clandestina. Algunos sectarios prefieren que se salve antes de la debacle la empresa finlandesa Nokia que Fagor, porque sus trabajadores pertenecen a una cooperativa vasca, y los muy malvados votan a quien no toca. Tu vecino en cuanto puede te apalea con los argumentos vertidos por un tertuliano cantamañanas en la radio.
Tendríamos que pararle los pies al camarero que en voz en grito descalifica a los participantes de una manifestación llamándoles gandules y chusma. Deberíamos cortar por lo sano al taxista que dice no sé qué del valenciano en un andaluz cerrado. Convendría aguarle a un pariente los comentarios soeces contra las mujeres que larga parapetado tras un arsenal de chistes impropios. Ser tolerantes se ha vuelto complicado. Los niveles de ecuanimidad están a ras de suelo. Hay decisiones políticas que nos sublevan y nos arrojan irremediablemente en brazos de la crítica más despiadada.
La indignación nos ha transformado, con razón, en unos exaltados más, como la mayoría de la peña. Alguien deberá tumbarnos en un diván gigantesco en cuanto pase el tsunami de la corrupción y curarnos. La desfachatez de esta época está consiguiendo que vivamos enloquecidos. Nosotros mismos, hasta ayer seres comprensivos y pacíficos, podríamos haber aporreado con ganas el coche del exbanquero, Miguel Blesa, o haber llamado ladrón a la cara a Pedro García, el exvirrey de RTVV, y uno de sus principales sepultureros, cuando salían arrogantes de declarar que no se enteraban de nada. Tipos así, carne de indulto, exasperan a cualquiera.

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