18 de marzo de 2014
18.03.2014

La casa común

18.03.2014 | 01:02

Emili Piera

Lo que voy a decir nunca lo había contado y es serio: otro día, volveré a la prosa galana. A raíz de los atentados del 11M acudí a la manifestación de solidaridad con las víctimas convocada por el Gobierno en funciones. Detestaba a ese gobierno, y mucho más a quien lo presidía, pero el honor y la dignidad de las víctimas estaban muy por encima de tales minucias. Vagué sólo por distintas zonas de la manifestación que, a cada rato que pasaba, se parecía más y más a un enorme marasmo, a un inmenso pulpo varado. En la calle Mar fui a caer, por lo visto, en zona minada: me vi acribillado por docenas de miradas de odio y nunca olvidaré ese fulgor rabioso ¿Pero no éramos, todos, una voz unánime?
Si este país fuera medio normal, los periódicos hubieran publicado en primera, y con el subrayado que merecía, la confluencia en un mismo acto público de las diversas asociaciones de víctimas, pues el décimo aniversario de la carnicería nada significa „es propio del tiempo pasar„ si el futuro no nos encuentra más sabios y generosos. Por otra parte, semejante conjunción no era ni meteoro acuoso ni azar inexplicable. No había ocurrido antes, como era lógico, porque durante años se despreció a las víctimas de aquellos trenes, que eran de cercanías, gente normal y trabajadora, personas de la calle que habían tenido la ocurrencia de sucumbir bajo una metralla y unos estallidos inoportunos.
Hasta alguien que sólo era ligeramente menos tarado que Calígula como Bush Niño lo hizo mejor el 11S: escenificó la unidad nacional y cosechó una mayoría clamorosa. A lo peor se entiende la unidad nacional como ve el propietario el dominio de una parcela. Leo noticias preocupantes como la negación de ayudas a la familia de Ángel Berrueta, panadero tiroteado y acuchillado por un policía nacional y su hijo en un episodio de clara violencia sectaria. O a ciertas víctimas del GAL y el Batallón Vasco Español porque «son del entorno de ETA». ¿Entorno? Sólo un juez puede decidir la privación de un derecho. ¿Lloverá algún día en este páramo cainita? ¿Habrá casa común y un cielo protector?

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