España no es laica ni aconfesional

17.04.2014 | 05:30

Alberto Soler

Muchos políticos católicos como Ana Botella o Ruiz Gallardón alardean de que el nuestro es un Estado laico, no confesional, como clara muestra de la confusión que al respecto propician con su falso laicismo y que sólo la realidad clarifica, al confirmar con los hechos que España no es laica ni tampoco confesional. Si un Estado aconfesional es aquél que no reconoce como oficial a ninguna religión y un estado laico el que aboga por la independencia de cualquier confesión religiosa, nada de ello se da en nuestro país donde la omnipresencia del catolicismo en actos institucionales lo convierte de facto en la religión oficial del Estado.
Con un sesgo algo retorcido, hay quienes afirman que España es un país con tendencia a la separación Iglesia-Estado y neutralidad ante las religiones tomando como referencia el artículo 16 de la Constitución donde se mencionan las «relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones». Ni socialistas ni populares  han querido nunca replantearse la relación Iglesia-Estado pese a que ese mismo artículo diga también que «ninguna confesión tendrá carácter estatal», una contundente declaración de principios pese a la cual es posible que en España, una ministra de Empleo pida ayuda a una virgen para salir de la crisis o un ministro de Interior le conceda a otra virgen la más alta medalla al mérito policial, esperpento digno de un país de opereta y de unos ministros que, aunque tengan derecho a profesar sus creencias, también tienen la obligación de no hacer ostentación de las mismas en actos oficiales.
De esto se colige que España nunca será laica ni aconfesional mientras se sigan celebrando misas en los funerales de Estado y otros actos  institucionales tanto civiles como militares. Tampoco lo será mientras la Iglesia Católica disponga de una x en la declaración de la renta y no la haya para cada religión o, aún mejor, para ninguna, pues ningún impuesto debería sufragar gastos religiosos. Ni mientras la Iglesia Católica (y otras confesiones) estén exentas de pagar el IBI, o se siga enseñando religión en las escuelas públicas en lugar de hacerlo en locales religiosos o mientras haya crucifijos (o se expongan motivos religiosos como belenes) en edificios públicos, cuya presencia pueda afectar a la libertad de los fieles de otras creencias o quienes no profesan fe religiosa alguna.
España no será laica ni aconfesional mientras el Estado siga otorgando indultos a presos con motivo de la festividad de Semana Santa y lo que es más grave, indultos no concedidos tras el estudio de sesudos juristas sino a propuesta de los miembros de las cofradías de penitentes. Es un hecho que la separación Iglesia-Estado seguirá siendo un tema irresoluble mientras España se comporte como una democracia frágil y asentada sobre el estigma de ser un país de pandereta, curas y caciques que, al amparo de la tradición, mantiene vigentes ciertas prácticas contrarias a la libertad, la dignidad y hasta la cordura.



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