22 de abril de 2015
22.04.2015

Ciudadana Sánchez

22.04.2015 | 01:48

Nuestra ciudadana escucha música con el móvil y se medio entera de eso que llaman la actualidad a través de las redes sociales. No es seguidora de líderes ni confía ciegamente en ninguna ideología, pero tiene decidido que no va a apoyar el bipartidismo y que lo más auténtico que vivió como experiencia política de verdad fue el 15-M, gente como ella que se autoconvocaba ilusionada en las plazas buscando refundar la democracia, igualitaria, espontánea y necesariamente breve. También tiene claro que apoyará a un partido compuesto por gente normal, no por políticos profesionales alejados de la realidad y deseosos de cargos. A su generación nadie le ha regalado nada, ella ha tenido que luchar duro para conseguir una de las escasas becas de investigación que no ha devorado el depredador ministro Wert, y piensa que hay que rescatar la política buscando el interés común, una política para las personas y en defensa de lo público, no para las empresas y el capital.
A Sánchez le da un poco de reparo la cúpula madrileña de Podemos, pues como decíamos, ella no cree en familias políticas, piensa por sí misma y no se deja engatusar fácilmente por consignas. Lo de la «casta» y la «gente» está muy bien, pero los de su comunidad de vecinos que andan siempre a la greña también son «gente», y considera que las castas enraízan y crecen con gran rapidez en todo tipo de terrenos. Sin embargo le han hablado bien del candidato de por aquí, un tal Antonio Montiel, hijo de inmigrantes de Jaén, que fue botones en la Ford y que también, como ella, se ha hecho a sí mismo. No parece «casta», no, y aquí, como en los pueblos, uno acaba confiando más en las personas que en las siglas. Habría estado bien que fuese mujer, Montiel, pero no se puede ser perfecto en todo.
No tiene muy claro nuestra ciudadana que a estos nuevos políticos les dejen hacer todo lo que hace falta hacer y que dicen que harán -de hecho a los de Syriza nos les están dejando mucha cuerda-, pero sí les va a exigir que no la engañen, que no nos engañen ya más, que no nos traten como a ciudadanos crédulos e inmaduros. Sólo pide sinceridad y transparencia, nuestra ciudadana, que los que se ofrecen como renovadores de la política realmente sean modélicos en su trabajo: que luchen por el bien común sin buscar prebendas, ni protagonismo, ni dinero, ni familias cerradas. Les dará su confianza, pero igual que ahora la ofrece generosa, se la retirará luego si no saben estar a la altura. Sánchez no da cheques en blanco, vota por su compromiso inaplazable con la regeneración política y social, y estará atenta para que nadie traicione más la voluntad de los que han sido despojados de mucho, incluso de su dignidad.

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