18 de agosto de 2015
18.08.2015

Tormentas de verano (III)

18.08.2015 | 04:15

En este tormentoso mes de agosto continuamos con la trilogía de comentarios sobre tormentas estivales con la tercera y última entrega, esta vez centrándonos en las tormentas y chaparrones costeros.

Existen varias maneras por las que puede llegar una tormenta a afectar las costas valencianas. Así, pese a que suelen desorganizarse al bajar la meseta, hay ocasiones que las tormentas del interior incluso cogen fuerza al bajar al litoral, la razón fundamental de que esto pase es que la circulación de la propia tormenta se ha compatibilizado con el entorno de llanura al que ha llegado, en otras palabras, la célula de brisa se ha acoplado a la de la tormenta, y por tanto se puede transmitir a la tormenta la inestabilidad latente en capas bajas –esa sensación de bochorno pegajoso que sufrimos la gente que vivimos en las zonas costeras durante todo el verano y que en realidad puede llegar a ser un combustible para tormentas de excelente calidad-. Fuera de episodios de acusada inestabilidad, estas reactivaciones litorales llegan en días de circulación de brisa marítima débil o ya durante las primeras horas de la noche, ya que la tormenta puede preservar mejor su propia circulación de vientos sin «luchar» contra la célula de circulación de brisa diurna.

El mar Mediterráneo también puede dar lugar al desarrollo de grandes tormentas si se dan las condiciones adecuadas, pero con un poco de inestabilidad en capas altas de la atmósfera, lo que las hace de más difícil formación. Así pues, ¿Cómo se desencadena una tormenta en la costa? Pues como con las tormentas de interior las de litoral de verano también tienen un patrón de formación y comportamiento conocido. Las tormentas de litoral necesitan de la formación de una zona de frontera bien definida, entre la célula de brisa nocturna más fría y seca que baja desde el prelitoral y la masa cálida mediterránea de la costa y el mar, esta convergencia de vientos crea una especie frente frío que dispara la convección desde niveles bajos. El movimiento de estas células tormentosas sigue un comportamiento similar al de las tormentas del interior, con un desplazamiento natural hacia el oeste, por lo que no suelen adentrarse casi nunca demasiados kilómetros tierra adentro. Sólo si hay entrada decidida de vientos de levante, con reflejo en alturas medias (700hPa), la tormenta puede adentrarse tierra adentro sin tantos problemas, algo realmente complicado en nuestras latitudes y más en estas alturas del año.

En conclusión, puede decirse que a pesar de que el verano es la estación sin lluvia por excelencia en el clima mediterráneo, nuestro entorno geográfico es tan peculiar que es capaz de generar pluviometría en condiciones no excesivamente inestables y con unas peculiaridades como las que aquí hemos introducido. Así pues, aunque por regla general se tratan todos ellos de fenómenos aislados, no dejan de ser dignos de un estudio mucho más profundo.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine