29 de agosto de 2015
29.08.2015

Rajoy y la política del sonajero

29.08.2015 | 04:15

Cuenta Aristóteles que Arquitas de Tarento inventó el sonajero entre los años 350 y 300 (a.C.). Amigo de Platón, enseñó matemáticas, geometría, astronomía y música. Se piensa que con el sonajero inventó también la polea, el tornillo e incluso un mecanismo articulado con el que no consiguió volar. Juguete de entretenimiento para los bebés, el sonajero, lleva unos cascabeles sujetos a un mango que suenan al moverlo y le distraen y alegran con su sonido, sobre todo cuando el pequeño está empeñado en conseguir un objetivo que el mayor a su cuidado no está dispuesto a darle en ese momento.

En los últimos meses y cara a las elecciones generales, Mariano Rajoy ha puesto en marcha el sonajero con el objetivo de distraer los verdaderos problemas que el Estado y el pueblo llano tienen ante los difíciles próximos años y que deberían ser motivo prioritario de debate y de planteamiento en los distintos programas electorales. Desde el conflicto territorial, pasando entre otros por la situación de la justicia y del ordenamiento jurídico, la impunidad de los casos de corrupción, los niveles de desempleo, la precariedad en el empleo, las políticas de inmigración, la verdadera reforma de la Administración del Estado incluyendo las administraciones periféricas, la reforma y la recaudación fiscal, la política y el presupuesto de defensa, el fortalecimiento de la posición de España en el exterior, la objetividad de los organismos reguladores y fiscalizadores o la recuperación de una sanidad y una educación pública de calidad. En vez de abordar los verdaderos problemas de la sociedad española, el Partido Popular, ayudado en ocasiones por su fiel acólito socialista, sacan el sonajero de los presupuestos, la reforma de la Constitución, los síntomas que no las causas de la debacle económica griega, el federalismo simétrico, la conspiración judeo-masónica-comunista o los gobiernos de Zapatero.

Hasta en la Comunitat Valenciana se reciben ayudas de los desnortados convergentes catalanes para que Isabel Bonig agite el sonajero y el necesario debate político valenciano, aún por comenzar, desvíe la atención del ciudadano hacia los cascabeles del clásico entretenimiento inútil. En septiembre ya habrá cumplido 100 días el gobierno de Ximo Puig asistido de cerca por Mònica Oltra. Si la preocupación de Puig es detener la sangría de votos socialistas y la de Oltra su posible alianza con Podemos cara a las elecciones generales, demuestran no haber entendido, hasta ahora ninguno de los dos, la voluntad de cambio, de conocimiento real de los responsables de nuestras cuentas públicas y de la urgente necesidad de proyectos viables y sostenibles que sean el motor de nuestra recuperación institucional, económica y social.

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