03 de septiembre de 2015
03.09.2015

No es el crecimiento, es el reparto

03.09.2015 | 04:15

El crecimiento „medido mediante el Producto Interior Bruto (valor monetario de todos los bienes y servicios producidos)„ se ha convertido en el objetivo perseguido obsesivamente por cualquier economía. Se toma como una prueba de idoneidad de la política económica de un Gobierno y como condición necesaria para la creación de empleo, se relaciona con la prosperidad del país y la amortiguación del descontento social. Una alta tasa de crecimiento permite incrementar todos los tramos de renta sin necesidad de cuestionar su reparto, pues aunque haya grandes desigualdades, posibilita una renta digna a los tramos bajos.

Cambiemos de escenario: una población de herbívoros habita un prado fértil, cercado y sin predadores. Idílico. Sin embargo, proliferan sin control y el excesivo forrajeo, superior al ritmo de restitución del pasto, conduce al agotamiento del prado y a la mortandad de la población. La presión total de los herbívoros sobre el pasto se debe solamente al aumento demográfico, pero la humanidad, además de incrementar la población, ha multiplicado su capacidad de producir y de consumir recursos. El progreso tecnológico y el desarrollo del sistema financiero han permitido, en los últimos 200 años, crecimientos económicos impensables antes de la revolución industrial y del uso de la energía almacenada en los combustibles fósiles. En ese período, el crecimiento ha sido geográficamente dispar: el PIB por habitante ha aumentado unas 20 veces en Estados Unidos, 15 en Europa Occidental y 7 veces en Iberoamérica, aunque la maltratada y esquilmada África tiene, en promedio, un PIB per cápita, similar al de las primeras décadas del siglo XIX.

Además de la cuestión de la desigualdad, tenemos otro contratiempo: la velocidad del planeta para reponer los recursos renovables (los no renovables, simplemente se agotan) y absorber los deshechos es limitada, pero el proceder de la humanidad no parece más razonable que el de la población de herbívoros. En un mundo limitado, el crecimiento continuo resulta físicamente imposible, una obviedad que parece estar fuera de la agenda de los políticos. Hasta los partidos supuestamente concienciados, renuncian elección tras elección, a plantear la cuestión del límite del crecimiento, que voces autorizadas „aunque acalladas„ advierten de que ya se está sobrepasando.

Siendo así, un deseable aumento del PIB en las áreas deprimidas del planeta debería compensarse con una disminución en las zonas ricas. Pero sin crecimiento, ¿cómo combatir la exclusión y la pobreza que también existe en los países de mayor renta? La solución es única: mediante un reparto más equitativo. Austeridad y reparto, una receta que nadie plantea, pues condena a la marginalidad a cualquier programa electoral que la incluya.

Inevitablemente, tarde o temprano, la economía mundial detendrá su crecimiento. Combatir la exclusión y la pobreza no será una prioridad, como no lo es hoy en día. Ciertas minorías guarecidas tras barreras físicas y legales continuarán usando una antigua fórmula que debe resultarnos familiar: extraer riqueza de las rentas bajas, una legión en expansión. Todo ello curiosamente bendecido por las urnas, si es necesario. Mientras tanto, por dar solamente un dato: el séptimo continente „una isla de basura del tamaño de la India que flota en el Pacífico norte„ continúa creciendo con la aportación de millones de toneladas de desperdicios plásticos cada año.

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