09 de septiembre de 2015
09.09.2015

Desertar de la escuela pública

09.09.2015 | 04:15

Muy difícil lo tiene la nueva Conselleria de Educación si quiere mantener un sistema público de educación viable y devolverle la calidad. Hace unos meses todavía salía a la calle con mis hijos en manifestación por una escuela pública de calidad, al lado de los autodenominados sindicatos de clase en contra del gobierno autonómico y del nefasto ministro de Educación. Hoy empiezo este nuevo curso con mis hijos en segundo de Secundaria y en quinto y sexto de Primaria en un centro privado. La razón de esta aparente conversión al sistema privado, que no lo es, se debe al desinterés demostrado por una parte del profesorado del instituto de mi hijo y su dirección, con una tutora más pendiente de sus tareas como concejala del PP en un pueblo próximo que del seguimiento de sus alumnos y a la marrullería del equipo directivo del colegio público en el que estudiaban mis hijos pequeños.

La escuela pública ya daba síntomas de decadencia. Pero al llevar a mis hijos a un centro público de un pueblo y ser mi esposa catalana, no tenía una percepción clara del abandono por parte de las autoridades y los docentes del sistema público. La primera alarma se encendió cuando impartí una charla a los estudiantes de sexto y repetí la misma para el grupo de castellano. Ese día descubrí que había en clase dos alumnos que no entendían ni el castellano ni el valenciano y nadie se rasgaba las vestiduras ni trataba de poner solución al problema. Es más, a pesar de pertenecer al Consejo Escolar, nadie nos informó de ese tipo de problemas.

El año pasado, con la pretensión del claustro de varios centros, el de mis hijos entre ellos, de solicitar el llamado horario continuo, de 9 a 14 horas, se trató de manipular al Consejo Escolar y se promovió una llamada jornada de información en la que se trató de publicitar las excelencias del horario continuo, aduciendo la fatiga de los estudiantes por la tarde. ¿Se supone que después de tres sesiones seguidas de 45 minutos y una pausa de treinta minutos no existe cansancio para soportar dos nuevas sesiones? La guinda del pastel de la torticera exposición de la directora se completó con la defensa por parte de un par de profesores, alguna madre e incluso representantes sindicales, que apoyaron la propuesta sin dejar tiempo para que se expusieran otros puntos de vista. Afortunadamente, la consellería anterior decidió no ampliar el número de centros con el nuevo horario debido al aumento del fracaso escolar en los que ya lo habían implantado. Ese día me di cuenta de que el enemigo no estaba solo fuera y que una parte de la gente con la que salí en manifestación solo pretendía su comodidad; por lo que decidí no sacrificar a mis hijos en favor de mis ideas. ¡Lástima de luchas perdidas!

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