12 de septiembre de 2015
12.09.2015

Le Corbusier, 50 años en nuestra memoria

12.09.2015 | 04:15

El 27 de agosto de 1965 murió Charles Edouard Jeanneret (Le Corbusier), mientras nadaba frente a su refugio mediterráneo de Cap Martin en la Costa Azul francesa. Cincuenta años después, permanece vigente en la cultura contemporánea la figura de uno de sus principales protagonistas.

Conocido a nivel general como arquitecto y urbanista, fue un artista global que se relacionó con las vanguardias artísticas, formó parte de ellas y compaginó sus inquietudes con una visión personal de lo clásico, dando forma con su particular pensamiento a su obra plástica y literaria. Nosotros queremos señalar ciertos aspectos importantes, empezando por su propia definición de la arquitectura: «El juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes reunidos bajo la luz».

De joven, Le Corbusier realizó su Voyage d´Orient de 1911, visitando durante seis meses Grecia, los Balcanes, Estambul e Italia, plasmando sus sensaciones en los cuadernos Cahiers. En ellos manifiesta el interés por los colores y las sensaciones de la naturaleza y del paisaje. Pero va más allá, porque lleva esas impresiones del color desde la paleta del pintor purista hasta el juego de luces y sombras resultante de la articulación de los volúmenes creados por el arquitecto.

Señalamos también su carácter de artista global. Fue un humanista que atendió a las diversas manifestaciones artísticas de forma transversal, confluyendo todas ellas en un mismo hecho cultural.

Mise au Point (traducible como «aclaración») es un breve ensayo escrito en 1965 y publicado, tras su muerte, por Jean Petit. (En castellano existe una traducción de Jorge Torres, publicado por Editorial Abada). Se considera el testamento espiritual del artista, y contiene reflexiones de contenido espiritual y filosófico. «Tengo 77 años y mi moral se puede resumir así: en la vida es necesario actuar. Es decir, obrar en la modestia, la exactitud, la precisión. La única atmósfera para una creación artística es la regularidad, la modestia, la continuidad, la perseverancia».
Le Corbusier ultima también en julio de 1965 las correcciones del Voyage d´Orient escrito en 1911. Y comenta: «(...) la línea de conducta del pequeño Charles Edouard Jeanneret en la época del viaje de Oriente era la misma que la del père Corbu. Todo es cuestión de perseverancia, de trabajo, de coraje (...)».

En toda la vida de Le Corbusier está presente la literatura. Es interminable la relación personal que tuvo con autores contemporáneos como Paul Valery, André Guide, Blais Cendrars, Albert Camus, Jean Cocteau y otros. A ello unimos multitud de referencias a autores clásicos que están presentes en su obra y sus escritos. Especialmente a Homero, Cervantes y Rabelais. Son muchas las muestras de admiración hacia Don Quijote y Sancho Panza, hacia Panurge en el texto de Pantagruel.

Al contemplar sus proyectos arquitectónicos y urbanísticos tenemos en la memoria estas referencias. Al volver la mirada hacia la arquitectura, Corbu nos deja en Mise au Point una postrera reflexión sobre el juego: «Sólo los que juegan son tipos serios (...) Sí, la regla es el juego. Hubo dinero para servir, después los hombres se han olvidado de jugar». En su obra se aprecia la intención de crear a través del juego, desentrañando las reglas que rigen el nacimiento de la obra arquitectónica: «La regla ha surgido en el momento de la creación, se ha desarrollado, afirmado, convirtiéndose en lo esencial. ¡Todo dentro de la regla! ¡Nada fuera de la regla! En caso contrario, no tengo ya razón de existir. Aquí está la clave. Razón de existir: jugar el juego».

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