14 de septiembre de 2015
14.09.2015

Propios y extraños

14.09.2015 | 04:15

Con las cosas del dinero uno (yo) se aturde, pero tengo entendido que todos (ciudadanos, economistas, políticos...) estamos de acuerdo respecto a la financiación que recibimos del Estado: no es equitativa, no es justa, ni siquiera se atiene a la legalidad y, es evidente, no alcanza para lo necesario ni se acerca a lo importante. Sentada esta premisa como verdadera (en función de los cálculos y del consenso de todos), no deja de sorprenderme que la gente del PP de aquí y de allí argumente o matice, cuando se plantea la cuestión, que la ley se aprobó con Zapatero y que la crisis ha impedido que ellos la modificaran. Ninguna de las dos afirmaciones es una excusa válida que justifique que se mantuviera lo que exigía un cambio necesario. Lo cierto es que Zapatero mejoró casi nada lo que había, sin reparar los daños. En cualquier caso, es una falacia recurrir a Zapatero después de Zapatero. Tampoco es la crisis un argumento: se pide una mejor financiación no sacando de donde no hay, sino a través de otro reparto que no nos penalice.

Bueno, pues sí, también soy un amigo de Paco Camarasa y otro de los infieles que lamenta el cierre de Negra y criminal, en la Barceloneta. Paco siempre fue un librero excelente: hace mil años me descubrió a Italo Svevo, cuando La araña, y a Jean-Claude Izzo y Fred Vargas, cuando se hizo experto en el cuerpo del delito y la clotxina en la Negra y criminal que ahora cierra. Gracias . ¡A ver qué se te ocurre ahora, alma inquieta!

El caso Imelsa, que tan bien nos está relatando Francesc Arabí en estas páginas, es uno, entre otros, de los motivos que permiten entender la larga permanencia en el poder del partido todavía mayoritario que transita por la oposición: una red tentacular de zombis, enchufados y apesebrados, cautivos de la necesidad o conmilitones convencidos, copaba las instituciones y las parasitaba. Cada mañana, la clientela acudía a casa del patricio romano a pedir y a recibir; en cada cita electoral, la clientela local, provincial y autonómica acudía a las urnas a perpetuar lo suyo manteniendo a los nuestros. Ya no podemos permitirnos ni la ingenuidad ni la inocencia; ni siquiera la sorpresa. Concédamonos, al menos, el asco y exijamos con escepticismo la prevención.

¿Por qué se resisten tanto algunos comerciantes a la peatonalización del centro? Además de los beneficios evidentes para la ciudad y los ciudadanos, todas y las pocas experiencias de peatonalización que observo en Valencia no perjudican, sino que mejoran la actividad comercial. ¿Cuáles son los peligros de esas medidas que buscan acabar con el cáncer del tráfico y facilitan el acceso de propios y extraños?

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