17 de septiembre de 2015
17.09.2015

Trinidad lingüística

17.09.2015 | 04:15

Del cerebro se dice que el saber no ocupa lugar como si la memoria y las posibilidades de almacenamiento de los aprendizajes fueran poco menos que infinitos. Discrepan con esta aseveración la actitud de los hijos cuando se quejan de que ya no pueden estudiar más, pero sin tener en cuenta que los neurocientíficos han demostrado todo lo contrario.

Estudios de resonancia cerebral funcional y de magnetoencefalografía del profesor Tomás Ortiz, de la Universidad Complutense de Madrid, han puesto en evidencia la representación cerebral del aprendizaje de distintas lenguas. Las zonas elocuentes correspondientes a cada idioma ocupan sitios bien diferenciados, siendo evidente que dichos aprendizajes y sus áreas de localización cerebral sí que ocupan lugar en nuestro cerebro, en contraposición a lo referido al comienzo.

Sin embargo, debido al extraordinario desarrollo potencial del sistema nervioso, el aprendizaje de un idioma no limita la enseñanza de otro posterior, sobre todo en edades tempranas. El uso de varios idiomas facilita una mayor plasticidad cerebral en beneficio de todo el neurodesarrollo, no solo del lenguaje. Incluso cuando se comienza en la edad preescolar, las áreas de localización cerebral de distintos idiomas se yuxtaponen y complementan.

Por tanto, respecto al bilingüismo puede afirmarse que no existe una limitación en la capacidad cerebral para estos aprendizajes. Las distintas lenguas existentes y las que aparecerán con el transcurso de la humanidad suponen un desarrollo lingüístico evolutivo que partiendo de raíces comunes dan lugar a las variables lingüísticas, posibilitando la intercomunicación de áreas poblacionales más o menos extensas agrupadas como resultados de influencias de poder con intereses económicos y de guerras muchas veces fratricidas.

El lenguaje es una forma de pensar y de estructurar la realidad, por lo que los territorios geográficos agrupados en comunidades o Estados deben velar por mantener las lenguas vehiculares existentes. El desuso forzado de una lengua supone una pérdida cultural y de identidad como elemento diferencial de una colectividad, siendo los idiomas códigos que enriquecen la vida. En las comunidades bilingües como la Comunitat Valenciana (CV), mantener la dualidad del castellano y la lengua propia, sin menoscabo de una lengua sobre la otra, es un planteamiento que debe afrontarse sin complejos y con visión de futuro.

El uso político del idioma utilizando como arma arrojadiza conceptos como el de «inmersión lingüística» en el caso del valenciano, que tiende a jalearse vehementemente, no se corresponde con la realidad social de la CV, considerando que en algunos de sus territorios solo se habla el castellano. Sería un error implantar por decreto y mando medidas no consensuadas y discriminatorias hacia los castellanoparlantes con el fin de concienciar al pueblo valenciano en sus señas de identidad, cuando tenemos otras muchas cualidades que habría que potenciar como la creatividad, la competitividad del trabajo bien hecho y la mayor solidaridad social.

Igualmente debe mantenerse el respeto por el uso del castellano como lengua vehicular de todos los españoles, tratándose además de un idioma en alza en el mundo que suma ya 600 millones de hispano hablantes y con la proyección de lograr la mayor universalidad en el orbe occidental. Nadie en España debe ser vilipendiado por hablar solo castellano ni procede estigmatizar a quien dice que habla español, utilizado como identidad propia de los habitantes que habitan en España. Igual pasa con la denominación de la lengua propia de la CV que aunque evidentemente provenga del catalán corresponde considerarla como tal lengua valenciana, referida a los que la usan en la CV de acuerdo con el marco legal que ampara a las dos lenguas oficiales establecido en el Estatuto de Autonomía.

Respecto a la denominación del idioma español, choca ver las caras que ponen en medio mundo cuando en muchos países del otro lado del Atlántico, que hablan nuestro idioma, contemplan nuestros complejos al referirnos al mismo. Igualmente en los de habla inglesa el spanish es así perfectamente reconocido y utilizado en sus escritos y bibliografía. Todos ellos se extrañan de ver como nosotros somos propensos a desconsiderar esa marca que ya está bien consolidada, aceptada en todo el mundo y por los extranjeros que nos visitan.

Finalmente, hay que alzar la vista pensando en una mejor integración y proyección hacia Europa en cuyo seno tenemos más ventajas que inconvenientes. Nadie ya duda de que el idioma vehicular en Europa y en el mundo es el inglés, que es el que facilita un mejor intercambio cultural, una formación más cualificada, un turismo más competitivo y unas óptimas transacciones comerciales y de influencias. Son también muy evidentes los deseos de la mayoría de padres de que sus hijos dominen el inglés que ellos no hablan o que no pudieron aprender bien.
La articulación y desarrollo de la trinidad lingüística del valenciano, el castellano-español y el inglés debe ser consensuada sabiamente en beneficio de nuestros descendientes y siempre bajo la premisa de un respeto máximo: en primer lugar para los que nos anteceden y dominan el valenciano, pero igualmente respetando a los que solo hablan el castellano y sin imposiciones irracionales, todo ello con la vista puesta en el máximo aprendizaje futuro del inglés.

Decíamos que el saber sí que ocupa lugar, pero también que tenemos muchas reservas en nuestro cerebro. Veamos ahora como legislan los responsables del aprendizaje del desarrollo lingüístico de nuestros hijos, si tienen en cuenta las anteriores consideraciones o se comportan como si realmente sus cerebros hubiesen llegado a sus límites, es decir, si en vez de usar la razón actúan sólo con el corazón.

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