19 de septiembre de 2015
19.09.2015

Dignidad y funcionalidad

19.09.2015 | 04:15

HHay que saber dilucidar las cuestiones que nos aquejan. En un ángulo de la tertulia, se resaltaba la necesidad de la innovación para avanzar. No podemos quedarnos atrás. Pero la innovación, palabra talismán, necesita de una buena formación, de una buena preparación que no se improvisa. Requiere esfuerzo, constancia, perseverancia, afán por saber, y medios. Quien se abandona, por las razones que sean, durante un tiempo, al cabo, se encuentra con que sus conocimientos están obsoletos y ha de reciclarse. Y se necesita capacidad de absorción de nuevas habilidades, plasticidad mental, oportunidades para adaptarse a los nuevos tiempos, porque el que no es capaz de lograrlo queda fuera del mercado laboral, abocado a la exclusión del sistema, a ser un paria.

En el lado opuesto, otro contertulio incidía en la precedencia de la dignidad humana. Todo ser humano, por el hecho de serlo, merece reconocimiento social. Está en él; no solo en su funcionalidad, en lo que sea capaz de desempeñar; sino en sí, en lo que es; no en lo que despliega.

Estas visiones pueden parecer contrapuestas, pero solo en apariencia. Somos iguales en dignidad, pero distintos en talentos y en aprovechar las oportunidades. Hay que afirmar con decisión la necesidad de conjugar ambas cosas. Las dicotomías sólo sirven en el mundo virtual, pero no en el real. En el mundo concreto hay que actuar constructivamente, con emprendimiento que es imaginación, colaborativamente. Es un más. Una conjunción copulativa: y. Las dos cosas al mismo tiempo. Conjugar la capacidad creativa „y el consiguiente mérito„ con la primacía de toda persona, independientemente de su situación funcional en la sociedad. A esto, le llamamos solidaridad. Un vocablo algo secularizado de lo que a lo largo de los siglos se ha denominado también como charitas: querer para los demás lo mismo que para mí (y no meramente: no hagas a los otros lo que no quieras que te hagan a ti, que es bastante más rudo).

Hemos de recuperar ambas visiones y, sobre todo, el esfuerzo de los que más tienen „dinero, posibilidades, capacidades, habilidades, visión de negocio, emprendimiento, etc.„ y compartirlo con los que menos tienen; de modo que, entre todos, lleguemos a paliar ciertas desigualdades intolerables. Y para esto, hoy, más que nunca, es necesaria una mayor presencia de la sociedad civil. Sin ir más lejos, Juan Roig, presidente de Mercadona, al inaugurar la Marina de Empresarios, ha manifestado que el sueño de su vida es ayudar a otros emprendedores a que consigan los suyos. Una expresión feliz. Un deseo compartido.

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