04 de octubre de 2015
04.10.2015

Caro referéndum

04.10.2015 | 00:46

Si se hubiera celebrado el referéndum en Catalunya nos habríamos ahorrado la desestabilización actual y el problema estaría resuelto. Ha ocurrido lo que era previsible. Con un apabullante 77,5 % de participación las elecciones del 27S han dejado la pelota en el tejado de una España que ni sabe ni entiende. Ha fracasado la expectativa de que se trazaran fronteras y se elevaran las murallas de Catalunya por el sur y a poniente. Los tremendistas se han quedado lanceando molinos de viento en el imaginario quijotesco de la península de Barataria. No han ganado los españolistas de siempre ni vencen los secesionistas con suficiente respaldo para iniciar el camino sin retorno. La estrategia de cestas de partidos se muestra imprevisible. Por un lado los de €Catalunya independent» con visión periférica y por otro, los demás, incluido Podemos, desde la concepción centralista. Esta visión no es nueva ni invento de Artur Mas y de Oriol Junqueras, sino consecuencia de la contraposición de núcleos de poder en la península Ibérica, entre Barcelona y Madrid, que se arrastra después de 150 años.

En un sistema democrático regido por los principios de la convivencia occidental es incomprensible que a los ciudadanos de un territorio se les impida manifestar sus preferencias para gobernarse en su área de vida en común. El derecho a discernir y decidir es básico, tal como se ha respetado en Quebec (Canadá) o en Escocia (Gran Bretaña). No se puede negar la oportunidad de un referéndum o consulta reglada para conocer la voluntad de los catalanes sobre su forma de Estado y „¿por qué no?„ en sus múltiples facetas federales o de vinculación libre asociada. Los españoles hemos pagado un altísimo precio en el deterioro de la convivencia por el empecinamiento de los gobernantes en no adaptarse a los acontecimientos. En su recorrido político se ve a Mariano Rajoy y al Partido Popular cada día más perdidos. Faltaba el resultado desastroso de los populares en las elecciones catalanas, arrumbados sin remedio por la versión doméstica de Ciutadans. Confiar la remontada a un xenófobo García Albiol fue craso error. Patética ha sido la inmolación de Unió Democràtica de Catalunya de Durán i Lleida y Josep Sànchez i Llibre, merecedora de otro tipo de exequias. ¡Si Antón Cañellas levantara la cabeza¡ Todo para quitarle 100.000 votos a Junts pel Sí. Rédito pírrico para el suicidio político.

¡Cuánto habríamos ahorrado si se hubiera orquestado una fórmula para consultar a los catalanes dónde quieren estar y qué desean ser en adelante! Además no estaríamos en el callejón sin salida en que nos han metido unos y otros. Hace años, un antecesor de Oriol Junqueras, Ramón Trías Fargas, expresidente liberal de Esquerra Republicana de Catalunya, escribió un artículo memorable que tituló: Morir por la guerra, sobre la esterilidad del enfrentamiento entre facciones extremistas para arrastrar a la ciudadanía a un sacrificio en el desconocimiento de las razones que lo motivan. Decía que „la guerra irreconciliable entre extremos es una simplificación excesiva de la sociedad que sólo puede convenir a los extremistas de uno y otro lado.». Su sucesor Junqueras le va a sacar rendimiento.

El panorama que dejan las elecciones catalanas viene precedido, siete días antes, por la sedimentación de la situación política griega, con la victoria del atemperado Alexis Tsipras y de su partido Syriza, llamados a recomponer la compleja política helena desde el realismo y el sentido del límite, básicos en democracia. Al otro extremo, la Comunitat Valenciana, gobernada por una coalición de centro izquierda y cada vez más asfixiada por el gobierno conservador de Mariano Rajoy, ha de contemplarse en los espejos de cuanto sucede en Grecia y en la vecina Catalunya. Estamos ante nuevos capítulos de la corrupción valenciana en la que están implicados especímenes del Partido Popular acompañados de sus cómplices. Se avecina un desastre debido a la falta de ética y de cultura democrática. Esa que hace falta para permanecer en la Unión Europea.

Los valencianos hemos de reventar el nudo gordiano de la financiación de nuestras miserias al borde de la inminente elaboración de los presupuestos autonómicos, con la insidia del gobierno central del Estado que asfixia la subsistencia y la independencia de la Generalitat Valenciana, a pesar de haber ganado las elecciones la coalición de partidos que gobierna. Resulta perverso que los empresarios se pronuncien contra la independencia como valor intrínseco. ¿Por qué los valencianos hemos de ser siempre dependientes de algo, serviles de los que nos amenazan o compinches de quienes vetan la libertad de gestionar nuestros recursos? El president Ximo Puig y su Consell tienen ante sí el reto de devolver a los valencianos el orgullo de ser ellos mismos con proyección y dignidad. No se sofoquen, porque ya podemos ir a Valladolid, León y Palencia en AVE. Una nueva afrenta para nuestra proverbial vocación europea. ¿Será por razones históricas o políticas? Las geográficas son meridianas.

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